Jorge Eduardo Arellano
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El 12 de enero pasado, Víctor Tirado presentaba en las páginas de Opinión de EL NUEVO DIARIO una breve evaluación de la historia de Nicaragua. Las últimas tres décadas de la historia reciente de Nicaragua eran descritas por Tirado con una mezcla de decepción y esperanza. Recordando la ya famosa fórmula de Carlos Marx, retomada de Hegel, que la historia se repite dos veces, una en forma de tragedia y otra en forma de comedia, Tirado agregaba “…en Nicaragua se repite una con inteligencia y otra como tontería.”

Siendo Víctor Tirado uno de los protagonistas más importantes en la historia reciente de Nicaragua, su visión crítica sobre hechos históricos trascendentales del país llama la atención. ¿Alguien puede imaginar a Tirado, un antiguo miembro de la dirección sandinista histórica, 3 décadas atrás, criticando el nepotismo familiar de la familia Ortega Murillo? La “tontería” del nepotismo era entonces inimaginable.

En 1979, una cosa estaba clara en la voluntad de cambio, la identidad de esa generación de jóvenes estaba marcada por un profundo rechazo al culto, a la personalidad y la idea del control del poder por una familia, como lo había hecho por tanto tiempo la dinastía somocista. La dirección colectiva como conducción de la naciente revolución en 1979 no se podía reducir a una casualidad histórica, fue, ante todo, una respuesta generacional a una época de abuso y humillaciones vividas en Nicaragua por más de cuatro décadas.

Estaba claro que con la Revolución Sandinista no podía llegar al poder una nueva familia, ni el culto desmedido a la personalidad de alguien, ni el abuso al poder. Las cosas con el tiempo han venido cambiando hasta llegar a 2009, donde Víctor Tirado identifica críticamente el pacto Alemán Ortega como “grado superior de la dinastía” somocista.

Para los defensores de la familia gobernante la crítica de Tirado es injusta. El Pacto Alemán Ortega para ellos es un efecto perverso de la lucha de clases en su justa interpretación marxista a la realidad nicaragüense. Según éstos, la acción política “anti-oligarca”, en defensa de las masas pobres del país, que son “las mayorías democráticas,” justifica las alianzas que llevan a la familia Ortega a fortalecer el liderazgo del ex presidente Alemán y su familia en el PLC, legitimándose y justificándose la corrupción, el autoritarismo y la reproducción del nepotismo.

Un análisis histórico con conceptos sociológicos del fenómeno del nepotismo en Nicaragua no nos lleva a ningún lado. Es la antropología quien parece darnos noticias de la historia repetitiva que padecemos. El antropólogo Lévi-Straus decía que el nepotismo es la endogamia, la manera en la cual las tribus han casi todas muerto por consanguinidad, las reglas de intercambios no funcionan, el nepotismo, según él, es la última regresión.

Si aceptamos que la dinastía familiar Alemán Ortega es una repetición histórica y por lo tanto una “tontería”, también debemos decir que los desastrosos resultados del Pacto serán la última regresión para el país. Ya no podemos ir más atrás.

Las dictaduras que cayeron en la década de los 70 en América Latina también desaparecieron porque el mundo estaba cambiando. En 2008, el mundo ha cambiado, y el nepotismo no puede continuar reproduciéndose en el país, sin que las “tonterías” sean ya escándalos públicos inaceptables a lo interno del país con sus efectos perversos externos que tanto afectan a toda la sociedad.

Si estamos que el Pacto es lo que Víctor Tirado llama el “grado superior de la dinastía” somocista, no dudemos que otra generación está gestándose, esta vez sin violencia y con inteligencia dará continuidad a la gesta moral de Sandino, Pedro Joaquín Chamorro, Rigoberto, Carlos Fonseca y la generación antisomocista de 1979.

Si se puede imaginar un mundo sin Reagan y la dinastía Bush, ¿cómo no podemos imaginarnos en Nicaragua un mundo sin la familia Somoza y Alemán Ortega?
danic36@yahoo.com