Jorge Eduardo Arellano
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Recientemente, han surgido en la opinión pública varias inquietudes en relación con el estado actual de nuestro nivel de enseñanza secundaria y sus resultados.

Uno de los niveles educativos más cuestionados en Nicaragua es el de secundaria. Se percibe que el problema de la enseñanza secundaria radica en que se la ha mantenido en una persistente indefinición, al extremo que la misma calificación que se le suele dar de “enseñanza intermedia” pareciera aludir a que está en la tierra de nadie, pues no es ni básica ni superior, aunque se espera de ella que complemente la educación básica o primaria y, a la vez, prepare para el ingreso en la educación superior. El quid del asunto, entonces, está en determinar si la enseñanza secundaria, como modalidad de formación general o académica de la educación de nivel medio, debería tener objetivos propios, o si simplemente debe ser vista como un complemento de la educación básica y una transición hacia la enseñanza superior.

El grupo etario que acude a la educación secundaria debería influir en la definición de sus objetivos. Se trata de adolescentes en tránsito a la adultez, de jóvenes que requieren conocimientos acordes con la complejidad social actual, que tienen demandas en término de aspiraciones educativas (tránsito a la educación superior), de productividad económica y de participación política. Acuden a la enseñanza secundaria para adquirir cualidades para el razonamiento abstracto y numérico, las habilidades del lenguaje oral y escrito, las actitudes y valores para la participación ciudadana y destrezas de orden práctico.

Si todos los egresados de la enseñanza secundaria accedieran a la educación superior, sin duda este hecho llevaría a enfatizar su carácter de antesala de los estudios superiores. Su objetivo fundamental sería, entonces, preparar de la mejor manera posible a los bachilleres para su tránsito a la educación superior. Pero las estadísticas de la Unesco demuestran que en América Latina y el Caribe sólo entre un 30 y 40 por ciento de sus egresados va a la educación superior, como promedio regional, siendo ese porcentaje mucho menor en el caso de Nicaragua.

Para la mayoría de los jóvenes, la enseñanza secundaria se transforma en su máximo nivel de educación formal y suelen pasar directamente al mundo laboral. Luego, si bien la enseñanza secundaria debe preparar adecuadamente para la educación superior, éste no puede ser su único objetivo. De ahí que al repensar la educación secundaria, el educador Juan Carlos Tedesco afirma que “sus grandes objetivos podrían sintetizarse en los conceptos de ciudadanía y competitividad. La formación del ciudadano moderno no se contrapone con la formación para el desempeño competitivo en el ámbito económico. Una democracia moderna y una economía competitiva requieren personas capaces de recibir información, procesarla y juzgarla críticamente, asociarse para tareas colectivas y resolver problemas.”

La educación secundaria debería, entonces, ser la modalidad para formar al ciudadano moderno como persona (formación general humanística y científica) y como sujeto productivo (destrezas laborales). No se trata de transformar la enseñanza secundaria en una educación técnico-vocacional de nivel medio, que ya existe y tiene sus propios objetivos, sino en tener presente el hecho innegable de que el mayor porcentaje de sus egresados va directamente al mundo laboral, o retorna al sistema educativo formal después de una inserción en el trabajo.

La formación general o académica debería propugnar por el equilibrio entre las ciencias y las humanidades. A ello será necesario agregar la adquisición de destrezas en computación y en alguna actividad laboral, cultura empresarial y dominio de un idioma extranjero, de rango universal. Podrá luego debatirse si esto se hará en una modalidad integrada o mediante una bifurcación en dos vertientes.

Podría también examinarse si cabe, en el nivel secundario otorgar certificados laborales para el desempeño de determinados trabajos, o al menos las bases imprescindibles para iniciarlo, pues deberá tenerse el cuidado de no sacrificar la formación general académica en aras de la preparación para el mercado laboral.