Jorge Eduardo Arellano
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El lunes 16 de febrero se publicó el artículo de Daniela Cáceres “Víctor Tirado y el desafío moral”, en evidente contrapunto a uno mío anterior. En primer lugar quiero dejar claro mi respeto y admiración al extraordinario dirigente sandinista Víctor Tirado, que con Henry Ruiz y el fallecido Carlos Núñez fueron los más humildes y fraternos miembros de la Dirección Nacional del FSLN.

Sostengo que Marx y Hegel se equivocaron, porque la historia no se repite nunca, ni una sola vez. No sólo en eso se equivocaron estos grandes pensadores, es evidente, pero no se trata de ahondar en concepciones propias de filosofía y sociología.

La crítica del comandante Tirado es injusta y su forma de lucha es errada. ¿Qué fue peor para los nicaragüenses, la década del 80 al 90 o la coyuntura actual? En aquella década se vivió la peor dictadura de toda la historia de nuestra patria, en la actual se vive un gobierno que precisa decisiones firmes y mantener, a toda costa, condiciones de paz que impidan el retorno a una guerra civil. Luchar contra el hambre, el desempleo y el atraso son las tareas de siempre. Apoyar el pacto, porque es evidente que existe, es tarea necesaria, a pesar de la corrupción y resto de desmanes que acarrea, pues lo priorizado es impedir que el enfrentamiento bélico retorne.

Cada uno de nosotros podemos disponer de esfuerzo que abone en este sentido, pero no ofendiendo o enfrentando las posiciones de Daniel, sino apoyándolo y denunciando cada acto de corrupción de los funcionarios del Estado. Pero no sólo ante los medios de difusión masiva, sino utilizando cada uno de los recursos que nos otorga la ley. Sabido es que al comienzo no se nos va a escuchar, que encontraremos las puertas cerradas. Pero si cada uno de nosotros activa la denuncia penal contra los que abusan del poder, contra los corruptos que han convertido el “Hambre Cero” en su propio medio de enriquecimiento, contra los que subastan las sentencias en los juzgados o manejan a su antojo a paupérrimos toma tierras para devorar la propiedad privada, contra el nepotismo que nos aqueja como un mal endémico, entonces los resultados se verán pronto. Ése es el desafío moral de hoy. ¿Cuál fue el de ayer?
Sobre el pacto, hay que soportarlo; Daniel y Arnoldo son los que más lo soportan, pues no se toleran. Debemos recordar que pactan los caudillos, no los grupos políticos. Y los caudillos nunca son buena cosa, porque los admiran unos y los desprecian otros. Si sólo hubiera un caudillo sin detractores, entonces estaríamos ante el Dios perfecto. Ni siquiera existe un Dios sin detractores.

Hoy, los compañeros del MRS, entre los que destacan cuadros de moral intachable como Víctor Hugo Tinoco, Dora María Téllez, Víctor Tirado y Henry Ruiz; abundan en improperios contra el actual gobierno de Daniel, pero nunca criticaron los desmanes atroces de la década 80 al 90. Apoyaron en todo a lo que era “su gobierno”, sin ponerse a pensar el daño que le hacían al FSLN, a nuestra historia, y, más que a nadie, al pueblo. ¿Quién de ellos se opuso al SMP, al SMR, a las MPS, a los CDS, a los controles de Micin que empobrecieron hasta el infinito al campesino y al pequeño comerciante? ¿Quién de ellos hizo algo por detener la masacre del pueblo campesino y de los niños enviados a la guerra en una confrontación donde la soberbia pudo más que la razón? Sobre este tema hablo con autoridad porque yo sí actué cuando era oficial de la DGSE, y casi caí preso, me salvó la cordura de Lenín Cerna, a pesar de lo que se diga de él.

Hoy podemos ver mejor, y nos percatamos que la derrota electoral del 90, perdiendo las elecciones ante una pobre mujer que ni siquiera sabe el sentido de sus palabras cuando habla, fue la suma de todos esos desmanes. Daniel al menos ya pidió perdón.

Luego de la derrota electoral, ¿dónde estaban los compañeros del MRS para apoyar y criticar a Daniel en su lucha por retomar el poder? Después de Víctor Hugo Tinoco no veo a ninguno.