Eddy Zepeda
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Educación, cultura y honestidad, ¿valen la pena hoy día?

Quienes ostentan poder y son dueños de riquezas se posicionan siempre como referentes cuando de éxito y razón se habla. ¿Cómo la obtuvieron ellos? La historia y la evidencia (modelo de análisis usado en ciencias médicas) demuestran que casi siempre, puesto que lo absoluto no existe, han tomado atajos y hecho trampas para ubicarse en primeros lugares en todo.

La premisa que a mayor educación y cultura, mayor desarrollo-calidad de vida y tolerancia queda descartada con los sucesos mundiales y nacionales más recientes y anteriores.

¿Pesimismo?…No… Objetividad. El sentido común nos hace creer que una persona con mayor escolaridad y conocimiento de las cosas del mundo (cultura, ciencia, deportes, etc.) aportará más al desarrollo nacional a partir de su propio desarrollo. Teoría descartada, similar a la que aseveraba que las probabilidades de desarrollar Alzheimer era mayor en los de menos escolaridad que en los muy estudiados, por aquello de la neuroplasticidad neuronal, es decir, por la mayor capacidad de generar conexiones entre neuronas mientras más se sabe. A ambos les da de la misma manera. ¿Por qué? No se sabe.

Presidentes, políticos, banquero/as, pseudolideres religiosos, comerciantes, entre otros, que acumulan riquezas e influencias, por las posiciones que ostentan. Tienen la sartén por el mango y deciden para dónde girarla. Al otro extremo, los sobrevivientes: profesionales, técnicos, obreros, campesinos, dependientes de otros para subsistir, también hacen lo mismo, aunque en otra proporción y contexto. Estafan a quienes están en peores condiciones que ella/os. Es tan deshonesto y delincuente quien lo hace con traje formal o bata blanca que quien lo hace en harapos y chinelas. Es delito de cualquier forma que se haga y quien lo haga.

Bertold Brecht lo mencionó hace mucho: “No hay diferencia entre quien funda un banco y quien roba otro”.

Las noticias a diario mencionan tantos delitos cometidos por quienes tienen mucha o nada de educación y cultura. Vale la pena entonces replantearse la interrogante: ¿sirve de algo elevar los niveles educativos y culturales, cuando los resultados comparativos entre quienes ostentan títulos de Phd y los analfabetos son similares en materia de deshonestidad, guardando las distancias y escenarios? Unos delinquen de una manera y otros de otra, pero ambos delinquen.

Los mayores perdedores en todo el proceso son los marginales, quienes no participan en ninguna decisión y en nombre de quien se hace todo, hasta la justificación de los presupuestos.

Los utilizados de siempre por los que observan desde los palcos, cual tribunos romanos. Dicen que nada es  nuevo en la vida. Todo ya fue un día y se repite cíclicamente.

Ejemplos muy recientes: Siria, Irak, Afganistán, Bosnia, Ucrania, Crimea, Cuba, Venezuela. Nicaragua no es ajena: los conflictos por el famoso canal, por las elecciones y tantas otras escaramuzas creadas por un lado y por otro lado para mantenerse activos (quienes viven de los conflictos, quienes reciben salarios, visas y prebendas de uno y de otro lado).  Al final, el perdedor es el pueblo que sobrevive el día a día, buscando el pan para pasar de un día a otro. El que no decide nada, pues los otros deciden por él. El que siempre pone el sudor y la sangre.

¿Hasta cuándo se podrá actuar razonablemente... de un lado y del otro?

Estamos en la cola de los países pobres materialmente y también espiritualmente sin podernos  entender.

Otros seguirán decidiendo por nosotros mientras no logremos entendernos y actuando como si padeciéramos del síndrome de Lesch Nyan, que según la literatura médica, provoca automutilación progresiva, es decir, el mismo paciente se lesiona y autodestruye debido a una mutación neurológica desconocida. Sin embargo, tenemos una ventaja como país: conocemos y podemos corregir dicha alteración. Todavía estamos a tiempo.

Salud para todos.

* Médico.