Augusto Zamora R.*
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“Como decimos los rusos –expresó el presidente Vladimir Putin-, no hay mal que por bien no venga”. La frase sonará muy conocida, pues la decimos nosotros como nuestra.

La expresión nos recuerda que la especie humana es una y que compartimos todo en cuanto a emociones, miedos, temores, esperanzas. Los idiomas son reflejo de todo ello.

También hace evocar otro tema: el origen común de una rama humana bautizada como indoeuropea, por haberse extendido de India a Europa desde las mesetas iranias.

Las pruebas que sustentan tal idea radican, fundamentalmente, en los idiomas que hablan o hablaron múltiples pueblos que habitaron o habitan tan colosal región.

Todos los idiomas conocidos han comenzado designando cosas u objetos inmediatos o esenciales para sobrevivir. Padre, madre, mano, sol, luna, dios, ganado, vaca, etc.

En el siglo XVI, un mercader italiano en India aprendió sánscrito y quedó sorprendido del parecido de ciertas palabras: serpiente, ‘sarpa’ en sánscrito, ‘serpe’ en italiano. Nueve, ‘nava’ y ‘nove’. En el XVIII, un inglés planteó el origen común de las lenguas.

Fue un jesuita francés quien demostró el tronco que unía latín, germano, griego, ruso y bengalí, entre otras decenas de idiomas. Hoy nadie pone en duda tal comunidad.

Del indoeuropeo ‘bhratér’ (hermano) derivan ‘bhrata’ (sánscrito), ‘brat’ (ruso), ‘frater’’ (latín), ‘brother’ (inglés). De ‘g”ous’ (vaca) vienen ‘gaus’, ‘cow’, ‘bóvido’ y así…

Es infinito el campo del saber. Yendo atrás, en el tiempo, volvemos a las raíces. El conocimiento es divertido.

az.sinveniracuento@gmail.com