Cefas Asensio Flórez
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Garantizar condiciones para que el derecho a una educación universitaria de calidad se ejercite a cabalidad no es una decisión meramente política; depende también de las condiciones y perspectivas del país, en la disponibilidad e inversión de recursos, eficiencia de la calidad educativa; y de una estrategia de desarrollo donde la educación sea un eje fundamental. 

El derecho a la educación, sabemos, forma parte de la declaración universal de derechos humanos (Arto. 26), pero este derecho ha venido ampliando su concepto hacia el derecho a una educación de calidad, desde la Cumbre Mundial de Educación para Todos en Noviembre de 1990; en Jomtiem, Tailandia.

Evidentemente, el derecho a una educación universitaria de calidad está íntimamente condicionado a la medida en que este derecho se ejercita en la educación básica, y con las aperturas de más y mejores oportunidades para que nuestra juventud ingrese al alma mater. Indudablemente, hay esfuerzos para ampliar las coberturas en todos los niveles educativos; pero, el desgrane de la matrícula en todos los niveles es un tema poco atendido, que afecta la inversión y el mismo derecho al acceso universitario para miles de jóvenes. 

Para evitar este desgrane hay que atender múltiples factores. Uno es garantizar el mérito de las competencias. Jóvenes con competencias generales básicas para ingresar a este nivel educativo; competencias como la comprensión y fluidez lectora, una correcta redacción, razonamiento lógico para analizar y solucionar problemas, capacidad para aplicar conocimientos teóricos a diferentes situaciones reales, y conocimientos y sensibilidades de cultura general. 

Para aprovechar bien el acceso universitario, también se necesitan jóvenes con el mérito de acertar en reconocer su vocación y seleccionar carreras pertinentes. Este solo factor agrega la motivación suficiente para aprovechar el derecho a estudiar y hacer carrera, con mayores probabilidades de éxito que quienes no se apropian de su vocación y sus elecciones. 

Evidentemente, hay estudiantes con preparación y un claro reconocimiento de su vocación, pero muchas veces se encuentran con una oferta de carreras sin perspectivas claras de desarrollo laboral y social. Esto explica por qué muchos estudiantes abandonan sus estudios, cambian de carrera bajo una motivación no clara, o la concluyen por disciplina o compromiso moral, pero con pocas perspectivas.

Y es que no basta un derecho abierto y los méritos para aprovecharlo, sino que la razón de ser de la educación universitaria se determina con el compromiso social y, por tanto, con la necesidad de contar con una amplia y pertinente información sobre oportunidades laborales, de emprendimientos y desarrollo profesional, que el mercado de trabajo y la sociedad misma ofrecen. El tener esta información en forma oportuna permitiría una mejor elección de carreras y aportaría una motivación adicional a nuestra juventud. 

Cada carrera es una opción de vida y merece no solo el acceso, sino también la aptitud, la vocación y las estrategias con el mundo laboral para su desempeño efectivo. Aunque se definan cuotas a causa de la demanda, la juventud debe ingresar como un derecho, pero también cumpliendo condiciones de mérito y compromiso social.

Lo dicho hasta ahora es materia suficiente para realizar modificaciones importantes para una reforma de la educación secundaria y educación tecnológica, la cual, dicho de paso, ha de ser una etapa clave de formación para tomar decisiones en la elección de carreras, asociadas naturalmente con proyectos de vida y desarrollo profesional, en ambos casos.

Sin embargo, el compromiso social que supone la educación universitaria tiene que ver con la visión y planes del desarrollo que el país se propone, y cómo se coordina y articula la oferta universitaria con esta visión y estos planes. Esto es un desafío histórico, dado el vertiginoso ritmo de avances y cambios en las ciencias y la tecnología, lo cual hace que la academia, el mundo laboral y hasta los mismos planes de desarrollo con frecuencia se rezaguen con sus propuestas.

Uno de los grandes desafíos universitarios es coordinarse mejor con los sectores del desarrollo y acompañar y articularse coherentemente con sus demandas. Esto, sin renunciar al ser universitario, que implica desarrollar una oferta amplia y diversa, para dinamizar tanto el mundo laboral, productivo y tecnológico, como el social, cultural y ecológico, con la participación de todos los segmentos poblacionales.

Por lo antes dicho, para que nuestras universidades logren impactos significativos sobre el desarrollo humano del país, deben contar con una reforma de la educación secundaria y tecnológica bien coordinada con ellas, para que el derecho a una educación universitaria de calidad, se complemente con el mérito de jóvenes bien educados. Pero también deben las universidades trabajar mejores criterios para realizar un ingreso de calidad, y desarrollar alianzas amplias para coordinar y articular planes con los sectores del desarrollo económico y social, para asegurar que el compromiso ético y social del ejercicio profesional digno se haga efectivo.