Elmer Ramírez España*
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La curiosidad es innata en la niñez, es la época más intensa, interesante e inmensa en la vida de cada niño, allí se depositan todas las ideas y deseos, sueños, ambiciones, metas y proyectos nacidos de ese instante que se traduce en inverosímil y luego el tiempo lo acopla por los senderos del destino, porque se idealiza el llegar a alcanzar y pellizcar la brillantez de las estrellas, es cuando las distancias se hacen brevedad y quedan en la palma de las manos, en las miradas que se almacenan, en los misterios de la noche, cuando se duerme al cansancio, la curiosidad nos lleva a relacionarnos y a tocar tantas cosas que al final solo fue eso, intentar, eso es lo maravilloso del ambiente lúdico de los niños en el mundo de su niñez, es un mundo abierto, maravilloso, precoz, genial, la inventiva es el prólogo a los suspiros y a las sonrisas de lo pretendido, dialogar con ellos es esencial para palpar su imaginativa y la infinitud de sus andanzas por los caminos inventados, es interesante y de mucho sentido del tacto conocer de ciertas preferencias al jugar con sus amigos, cuando ellos están solos, allí es más importante estar cerca de ellos, a como decimos ojo al cristo, los niños siempre tienen un afectivo acercamiento al fuego, les encanta ver las algarabías de las llamas, eso es “genial” para ellos, esa actividad la consideran de lo más normal, aunque sabemos que dichas acciones son peligrosas y pueden llevar a desencadenar un conato de incendio en la casa misma, pero también les fascina el juego con la pólvora, a grandes y chicos nos encanta, nuestro país tiene una cultura muy apegada con el uso de la pólvora, no existe país en el mundo como el nuestro en donde no se use la pólvora para celebrar cumpleaños, fiestas, casamientos y misas, demás está decir que nuestras fiestas tradicionales con sus santos patrones en sus procesiones, llevan una intenso y largo acompañamiento de la pólvora, en las actividades deportivas también, en fin en todo aquello que sea escenario de alegría, en épocas de las actividades de celebrar los rezos marianos y de navidad, el uso es desmedido y siempre por mucho que se quiera evitar, resultan más niños quemados que los adultos, una quemadura por muy superficial que sea y pequeña, es dolorosísima, cuando es de segundo y tercer grado la piel, la dermis, se calcina y los sufrimientos son atroces, salvarse de una quemadura después de un cuarenta por ciento en el cuerpo, es un milagro, pero quienes pasan por ese trauma es muy impactante porque se requiere del apoyo de toda la familia, por las operaciones, por el cuido, por el proceso de rehabilitación, gracias a Dios, existe en nuestro país Aproquen, esta institución es un milagro vivo para atender a los niños que han sufrido las secuelas de las quemaduras, lleva veinticinco años atendiendo con amor y vocación de servicio a los niños, la señora Vivian Pellas, ella es la responsable de que tan bien marche esta institución, ella recomienda que cuidemos a nuestros niños, porque reitero,  sufrir quemaduras es terrible y la señora Pellas, es realmente un milagro después de aquel accidente aéreo de 1989, en donde pudo sobrevivir, no sin antes pasar por todo un calvario y resurgir como el ave fénix después de las series lesiones por quemaduras en su cuerpo.

* Docente de la UNI.