Karla Icaza M.
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Una vez más y en la misma época, un “post” de Kay Warren* en su página de Facebook me hace reflexionar.  Ella comparte que este año es la cuarta Navidad sin su hijo Matthew y me recordó que esta época para algunas personas es un tiempo de tristeza, melancolía y a veces no saben ni porqué. Ayer casualmente hablaba con una amiga que vive en España y me decía que a esta fecha no había puesto ni un solo adorno navideño porque se sentía triste.  En esta ocasión, no voy a entrar en el eterno debate de lo qué es la Navidad versus en lo que se ha convertido, porque no quiero desviar la atención a lo que quiero transmitir hoy; que conste sí, para mí la Navidad es celebrar el nacimiento de Jesús, es cuando regresan mis hijos a casa, es pasar tiempo juntos y disfrutar de cada amanecer en familia, aunque nos quedemos en casa y no hagamos nada especial. Es saber que estamos juntos respirando el mismo aire. ¡Es refrescante! Pero lo que hoy quiero compartir con ustedes es el hecho de que este año es la primera Navidad que no estará mi mamá; falleció el 27 de julio. 

Para mi mamá la Navidad era lo que es para mí y más, ya que a ella le gustaba cocinar y desde el 1 de diciembre amanecía en “modo Navidad” comprando ingredientes para hacer el relleno y la sopa borracha. La puedo ver vestida con su delantal navideño y una copa de rompope en su mano, dándole vuelta a la porra de relleno mientras compartía con nosotros y sus nietos en una tarde fresca de diciembre.  Eso no va a suceder este año y definitivamente su ausencia en estos días se ha acentuado y no ha sido fácil. Muchas veces se me viene una “bocanada” de tristeza y yo sé que es porque la extraño, porque tengo impulsos de llamarla para contarle algo o para hacerle una pregunta y me detengo al realizar que ya no está; cada vez que viajo la recuerdo, porque le gustaba que le avisara cuando me iba y cuando regresaba, y ahora ¿a quién llamar cuando me voy?

Tengo todo el derecho de estar triste, de no sentirme animada para celebrar la Navidad, de no querer poner ni un solo adorno en mi casa, de permitir que la tristeza y la melancolía me dominen y además contagiar a mi esposo y a mis hijos con esas emociones, pero saben qué... no quiero hacerlo. ¡No lo voy a hacer! Igual que el amor, ser feliz es una decisión y yo decido esta Navidad ser más feliz que la anterior, a pesar de que extraño a mi mamá, de que no voy a comer de su relleno ni a tomar rompope con ella ni voy a cambiar el cheque para repartir el dinero de regalo que le daba a cada uno de mis hijos ni voy a desempacar su regalo para mí. Voy a ser feliz, porque ella así lo hubiera querido; porque este año estará gozando en primera fila del nacimiento de Jesús a quien amó toda su vida. Yo sé que ella desde el cielo estará celebrando con nosotros, sus hijos y sus nietos, el día de Nochebuena. Mi deseo es que cada persona que lea estas líneas, en esta Navidad tome la decisión de ser feliz; tanto los que tienen motivos para no serlo, como los que no los tienen y simplemente se sienten acongojados. Celebremos la vida, celebremos la familia, celebremos el amor y dejemos que Jesús nos abrace, porque al final eso es lo más importante.

¡Feliz Navidad Nicaragua!

elpoderdelamor2016@gmail.com

*Kay Warren es la esposa del Pastor Rick Warren, autor del libro 'Una Vida con Propósito' y pastor principal de la iglesia Saddleback en los Estados Unidos. Ellos perdieron a su hijo menor en el año 2014; se suicidó debido a una enfermedad mental con la que luchó toda su vida.