Augusto Zamora R.*
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Salió, hace pocos días, un estudio sobre los quince apellidos más frecuentes en EE. UU., de 1990 a 2010, año del último estudio. Encabezan la lista Smith, Johnson y Williams.

En 1990, todos los apellidos eran anglosajones, sin distingo de raza, pues es sabido que muchos esclavos negros adoptaban el apellido de sus amos, Washington, por ejemplo.

En 2000 había cuatro apellidos hispanos: García, Rodríguez, Martínez y Fernández, en los puestos 8, 9, 11 y 15. La lista de 2010 recogía seis, sumándose López y González.

Otra peculiaridad eran los puestos. García era ya el 6º apellido más frecuente. Los otros apellidos ocupaban los puestos 9º a 13º.

En esa lógica hoy, 2016, habrá un número mayor de apellidos hispanos en la lista, elaborada por el U.S. Census Bureau.

Son los hispanos, la minoría que más crece en EE. UU., alimentada por el imparable flujo migratorio latinoamericano.

Es de lógica elemental que tal hecho quede reflejado en la singular lista, expresión del cambio exponencial que vive la sociedad estadounidense.

EE. UU. es el segundo país hispanohablante del mundo, seguido de México y por encima de Colombia y España. Sumando los hispanohablantes registrados y los que no, la cifra supera hoy los 60 millones de personas.

Podrá Trump enredarse en su racismo decimonónico, pero esta realidad está fuera de su alcance. EE. UU. es ya, un país bilingüe y lo seguirá siendo, con muros más o muros menos. Es cuestión de tiempo. Y eso nos sobra.

az.sinveniracuento@gmail.com