Orlando López-Selva
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Los primeros partidos políticos tradicionales en Nicaragua surgieron allá por los años 40 del siglo XIX, con el liderazgo de Fruto Chamorro (conservador) y el de Máximo Jerez (liberal). 

Desde entonces, hasta 1979, prevalecieron las paralelas históricas: conservadores (derechistas) y liberales (izquierdistas moderados). Tuvieron diversos nombres. Hubo mucho fraccionamiento de ellos. Igual le sucedió a los partidos posteriores: socialcristianos, socialistas y socialdemócratas. 

Estos últimos, nunca han alcanzado el poder, salvo cuando el sandinismo (marxista-leninista) llegó en 1979.

El conservadurismo ha sido el máximo representante de las fuerzas de la derecha nicaragüense. 

El mayor apogeo conservador llegó en dos momentos. El primero (1858-1893), los 30 años (que fueron 35) y 8 presidentes: Martínez, Guzmán, Chamorro, Cuadra, Zavala, Carazo y R. Sacasa. Arturo Cruz (h) dice que “lo magnífico de esto es que todo se fueron para su casa”. Y el segundo con la restauración conservadora (1910-1928), también hubo 8: Estrada, Díaz, Sacasa, D. M. Chamorro, B. Martínez, Solórzano, E. Chamorro y Uriza.

Y aunque los primeros gobiernos se caracterizaron por ser honestos, antidictatoriales y progresistas (Emilio Álvarez Lejarza dice que en realidad “fueron liberales en sus acciones y proceder”); los segundos fueron cuestionados por las intervenciones norteamericanas que controlaban procesos electorales, aduanas, bancos, ferrocarriles, gasto público y  minerías. Y si es cierto, en este segundo período no hubo reelecciones, sí hubo un golpe de estado que Emiliano Chamorro le dio a don Carlos Solórzano (presidente magnífico: honrado, tolerante, respetuoso).

Violeta Chamorro, la solitaria conservadora, llegó al poder en dos ocasiones. Primero como miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (1979-1980) y después durante 1990-1997. Y su gobierno fue de restañamiento de las heridas sociales, se asentó una época de paz, germinación y crecimiento de restauradas instituciones democráticas, sociedad civil, y partidos políticos. Todo se desarrolló con amplias libertades cívicas y políticas. 

Desde el espectro que Robert P. Clark nos plantea de las ideologías, este coloca en la derecha a los socialcristianos, conservadores y fascistas. Aunque, creo que en Latinoamérica los socialcristianos deberían ser considerados izquierdistas moderados: enfrentan el estatus quo sutilmente, se centran en la dignidad de la persona  humana, propician una mejor distribución de la riqueza y la justicia social. Es el cristianismo metido a hacer política desde León XIII, Emanuel Mounier y Luigi Sturzo, Juan XXIII. A Nicaragua llegaron esas ideas de Chile, traídas por Orlando Robleto Gallo, hace más de 60 años.

Pero, ¿qué críticas se les pueden hacer a estos partidos? 

En el caso de Nicaragua, no hay fascistas. Y los socialcristianos nunca han llegado al ejecutivo, solo los conservadores.

1. Son partidos de concepciones rígidas, en cuanto a la movilidad social. Cada quien en y desde su clase social. Aunque asumen que no pueden componer, cambiar el mundo mediante acciones que rompan el orden establecido, porque eso lo estipuló así David Hume y Alexis de Tocqueville, quienes vieron tanta sangre derramada durante la Revolución francesa, afirman que la sociedad se irá ajustando solita. De manera gradual y moderada.

2. No creen en la moral y los valores individuales, sino en una moral pública para todos. Sin exclusión. Asumen que ya  hay un orden jerárquico de valores —en toda la sociedad como tal—―que usualmente los dicta el cristianismo, que deben regir para todos. Esta idea viene de Metternich (austriaco, al nacer). Pero otro alemán, Kant, establecía que podía haber un código de moralidad y ética que no necesariamente debía provenir del cristianismo, sino de la razón pura.

3. La solidaridad social es muy limitada. Esta se reduce al concepto cristiano de la caridad. Siempre he sostenido que, mientras a la derecha le falta la solidaridad con los más desposeídos, la izquierda carece de tolerancia hacia los que no piensan como ellos.

En este sentido, la rigidez misma del conservadurismo hace que los de clases sociales altas crean que los pobres no merecen prosperar. Y solo se debe ser caritativo con ellos. Pero, en Nicaragua hubo un líder político joven quien dijo, hace pocos años, que el partido conservador debía abrirse a todos los sectores sociales. Esto creo yo, es un avance, pues no puede haber partidos clasistas (que discriminan a muchos): tampoco los debe haber puramente ideológicos (que imponen el sectarismo dictatorial).

¿Deben los partidos de derecha, en Nicaragua, hacer ajustes y aperturas acorde a los tiempos, sin comprometer sus principios?

Ha habido buenos intentos. Pero siempre los partidos deberían acercarse más al centro, desideologizarse y enfocar sus acciones para que estén a tono con la modernidad.