Elmer Ramírez España*
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Somos parte de una cultura violenta, así ha sido la enseñanza y el aprendizaje, existen innumerables conductores de buses que no conocen las leyes de tránsito, muchos de ellos son ciudadanos con poca escuela y de cargadores o cobradores del pasaje, aprenden a manejar y pasan a reinar con su empirismo y comportamiento temerario por las carreteras, existe ausencia total de espíritu de flexibilidad y respeto por la vida, no solo en ellos, sino en quienes usan el alcohol como valor agregado a su desenfreno, y por educados que sean, se convierten en parte de las tragedias a diario, en el ambiente que vemos cotidianamente se puede inferir que no existe cortesía, no se cultiva la paciencia, no se guarda la distancia, la mayoría de los autobuses se sirven del pasajero y no cumplen con el cometido de dar el servicio esmerado, quienes utilizan el servicio urbano e interurbano no se dan cuenta que subirse a una unidad cuando ya está al tope de su capacidad, es aumentar el riesgo de un accidente, y al no respetarse la cantidad y capacidad de pasajeros que caben y deben llevar los automotores solo existe el motivo de hacerse a manos llenas de más plata, el sobrerecaudo del dueño de la unidad, también se conoce que existen miles de buses y autobuses que tienen vencido su periodo de utilidad, ese es otro fenómeno responsable de accidentes y muertes, al igual de quienes van al manejo y llevan el celular en sus ojos y en las manos y la carretera en otro destino, entre tanto, las motos son como avispas al igual que las caponeras quienes realizan cualquier maniobra en cualquier lugar no importando las consecuencias, es urgente llenarse de prudencia, la policía no se da abasto y aún con las multas el desenfreno con al alcohol ha incidido para aumentar los accidentes y víctimas, una forma dura pero necesaria es retirarle las licencias.

* Docente de la UNI.