Eddy Zepeda
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Un anhelo, una ilusión, una utopía (por las nobles intenciones) es la de alcanzar un verdadero desarrollo nacional inclusivo y equitativo, exento de contaminantes (injusticias para unos, privilegios para otros/maquiavelismos, malinchismos, corrupción, etc.). Cada sector de la sociedad expone sus criterios para lograrlo. Llámense ejes, líneas de acción, políticas, propósitos. Todos exponen cual si se tratasen de verdades absolutas. Religiosos, empresarios, políticos, sociedad civil, etc. Retóricas que se suceden de generación en generación como las leyendas o mitologías.

La sabiduría popular menciona que lo único seguro que se tiene al nacer es que un día se va a morir. Verdad absoluta. Quizás la única que exista.

Sin ser absolutistas ni dogmáticos, la premisa que pueda llevarnos a alcanzar el anhelado desarrollo es la que sostiene que para alcanzarla debe apostarse por la sociedad del conocimiento, del saber: educación, educación y más educación. Referido a la formal (académica) y a la no formal (aprendida en el seno materno-paterno, en la calle y comunidad, es decir, a la empírica).Tan importantes ambas para aportar también la formación en valores: éticos o antiéticos. Ciudadanos de bien o sociópatas.

Cuánto se invierte en este rubro, en el presupuesto nacional y familiar es un indicador vital. A más inversión mejores resultados en cantidad y calidad. Teóricamente somos el país de la región centroamericana que ocupa el segundo lugar en inversión para educación superior (1.14% del PIB), significado del 6% para las universidades públicas y subvencionadas. Pero, cuánto se invierte para ciencia, tecnología e innovación (CTI)? 0.09% de ese 6%. ¿Cuánta creación de conocimiento, cuánta investigación básica y aplicada, cuánta innovación se puede crear con ese porcentaje? Muy poco. Queda entonces seguir replicando los conocimientos obtenidos en otros países con más desarrollo en este campo, con otros escenarios, circunstancias y características que muchas veces no coinciden con las nuestras. Por ejemplo, en el campo de la salud es muy evidente. La literatura traducida y la tecnología llega después de 2 o 3 años de darse un avance en diagnósticos o tratamientos. El apoyo financiero para actualización de los recursos 
humanos es muy poco, siendo casi siempre autofinanciado o por apoyo privado, con riesgo inminente de la pérdida de dichos recursos para el sector público (población mayoritaria y sin capacidad de pago), fugándose o amparándose en el sector privado para sobrevivir o integrando la diáspora (recursos con mucha formación y capacidad que venden su fuerza de trabajo, sus conocimientos y aportes al desarrollo a países que les pagan mejor). Siguen siendo patriotas igual que los que quedan dentro del país y nos llenan de orgullo también. Existen en todos los campos del conocimiento.

Según estadísticas recientes, contamos tan solo con 54 investigadores de tiempo completo, y limitado número de publicaciones o estudios. En el decenio 2005-2014, se publicaron solamente 54 trabajos, en un país de más de 6 millones de habitantes y 56 universidades registradas aproximadamente. La ciencia no vende. Premisa negativa pero real. El morbo, la farándula y el ocio sí generan muchas ganancias, por tanto las inversiones son más seguras y efectivas en esos campos. La noticia que las autoridades de educación superior tuvieron que hacer ajustes en los criterios y requisitos para ingresos no es de extrañar. Los  jóvenes prefieren aprender a hacer aplicaciones en internet, música, moda, diseños web, publicidad y mercadeo, redes sociales porque es más rápido, menos complejo y permite horarios holgados, sin mayor compromiso social. Sociedad reciclable. 

El mercado laboral determina las prioridades y decide qué fuerza de trabajo amerita para generar sus utilidades y casi nunca coinciden con la necesidad de desarrollo como país. Sus criterios no incluyen equidad social, erradicación de pobreza, dignificación humana, solidaridad, por mucho que lo quieran hacer creer.   

No sigamos aumentando la brecha entre los que tienen más y los que sobreviven.

Ciencia y conocimiento, ¿al servicio de quién? Cada quien genere su propia respuesta.

* El autor es médico.