Lesli Nicaragua
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Aunque es cada vez más patente que los orígenes religiosos de estas fiestas decembrinas son ignorados, lo cierto es que aun hoy es necesario saber por qué nos reunimos cada fin de año y celebramos un tiempo en familia o por qué muchos se orientan hacia las imágenes tradicionales de estas fechas. Porque las certezas siempre nos darán una mayor comodidad cultural, social y espiritual. 

Estos son los hechos: Jesús nació, conforme a lo dicho cuatro siglos antes por un profeta llamado Isaías. De una mujer virgen y extraordinaria, humilde, que halló gracia a los ojos del Señor. Virgen porque no había sido desposada. Extraordinaria porque en su vientre albergó al único ser divino que anduvo entre los hombres . Y humilde porque era su cualidad más humana. 

Sobre la fecha, que se discute cada vez menos, solo podemos ceñirnos a lo que se desprende del relato bíblico. En el versículo ocho del segundo capítulo de Lucas, refiriéndose al momento exacto del alumbramiento, podemos leer: “En la misma región había pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche”. Esta frase es suficiente para sacar el contexto: el niño no nació en diciembre, puesto que si había rebaños en el campo, había pasto. En el invierno lo que hay son estrepitosas tormentas de nieve en este lado del mundo. Lo podemos ver incluso en este diciembre de 2016, cuando la nieve impide movilizaciones de autos en Siria e Israel. Y si somos un poco lúcidos, concluiremos que hace 2,000 años eran peores las condiciones climáticas. 

Entonces, ¿por qué se celebra el 25 de diciembre la natividad de Jesús? Simple, en el proceso de cambio religioso de una Roma pagana hacia una cristiana, se trastocó la fecha para hacerla coincidir con la mayor fiesta celebrada: las saturnalias, durante las cuales se  suspendían temporalmente las actividades comerciales, se cerraban las escuelas, el Senado o los tribunales de justicia entre el 17 y el 23 de diciembre. Por lo que estas vacaciones eran aprovechadas para pasar en familia y disfrutar de fiestas muy liberales. Y justo el 25 de diciembre se festejaba en Roma el sol invicto, la entrada del solsticio de invierno, una fiesta siria traída por el emperador Aureliano en el año 275 después de Cristo. 50 años del Concilio de Nicea, donde  quedó perpetuado este traslape.

Una historia más reciente e idéntica sucedió con la conquista y reducción del mundo indígena americano por el católico español. En Nicaragua, cada celebración, en cada pueblo, esconde una fiesta pagana: santo Domingo, san Pedro y un largo etcétera. Es normal, pues una práctica como esta, de asimilar penates antiguos por modernos. Incluso actualmente.

Aunque lo verdaderamente importante es que hoy nos aprestamos a festejar con nuestras familias esta natividad, no importa si en diferido. Lo espléndido es que, aun consciente de la historia, enaltecemos un hecho: “una señal nos ha sido dada”, el nacimiento del Cristo. Esta es nuestra verdadera Navidad.
 
*Periodista, escritor y estudiante de teología
leslinicaragua@yahoo.com