Eddy Zepeda
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Como un riesgo resulta el título del presente escrito. Riesgo del señalamiento de populista o ignorante del tema. Tan trillado y manoseado el término y sus derivados, a sabiendas que su significado esencial es: ser accesible a todos y no solamente a grupos privilegiados y élites.

Desconfianza o duda es la primera impresión. Los políticos se encargaron de ganarle tal fama. Sin embargo, lo que compartiremos está relacionado a promover la accesibilidad del conocimiento para todos, cualquier tipo de conocimiento a cualquier tipo de población, a la que tiene y sabe mucho y a la que no tiene y sabe poco o nada. Conocimiento verificable y positivo para el desarrollo y no lo banal que se consume en más del 70% del uso actual de la Informática, según datos de una encuesta nacional seria. Siete por ciento nada más del consumo de información es utilizada para fines productivos en generación de bienes o servicios. Slim, Gates o Zuckerman no se desvelan por saber qué tanto benefician sus lucrativos negocios tecnológicos. Importa vender. Maquiavelos.

¿Cómo aprovechar este tipo de oportunidades que sí son útiles, dirigiéndolas hacia la Ciencia, Investigación e Innovación, además de Cultura, para saberlas distribuir equitativamente y hacerlas sostenibles y justas?

Un punto de partida importante es la capacidad de divulgación y diseminación de los conocimientos, haciéndolos digeribles por todos los grupos sociales, cada uno según sus características, circunstancias y afinidades. Hace 40 años nace la publicación, Investigación y Ciencia, diseminando información en lenguaje asimilable, sencillo, para llegar a cualquier tipo de lector. También aparece Scientific American, con más de 170 años de difusión, consideradas Embajadoras de la Ciencia Global.

Dos anécdotas poco gratificantes merecen ser compartidas: 1.- La negativa ante la solicitud de espacio en un medio escrito de circulación nacional para compartir temas de investigación a nivel ciudadano, so pretexto que la ciencia no vende, y 2: la facilitación de espacios en medios escritos, radiales o televisados para difundir información banal, no verificable, por la simple razón que generan utilidades importantes, aun con el riesgo de confundir y desinformar.

¿Qué premisas debemos seguir para poder informar y empoderar en materia de conocimientos a la ciudadanía? Partamos del hecho que el acceso al conocimiento debe ser un asunto de Derechos Humanos, puesto que permite vivir con calidad de vida. La lógica es entonces que un pueblo más educado es un pueblo que vive mejor, no limitando el concepto de educación únicamente al obtenido en un aula de clases, sino también a la que se absorbe en su entorno social (educación no formal), que representan más del 75% de su reserva de su experiencia de vida. Cuidado de confundirlo con empirismo.

Cada nueva generación tiene potencialmente a su alcance un universo de conocimientos que se superpone a la anterior. Incluso, hoy ya no hace falta esperar a una nueva generación para que fluyan nuevos conocimientos a una velocidad que hace muy difícil estar realmente al día en prácticamente cualquier disciplina. El estatuto de la ciencia contemporánea, su acumulación y su replanteamiento la convierte en una tarea de completa aprehensión.

La educación formal y no formal constituyen la fuente del saber, sobre todo la última, que en un estudio realizado por la Universidad Estatal de Oregón en 2010 (H. Falck, D. Dierking) y publicado en American Scientist confirmó una premisa empírica evidente: la educación formal incide solamente en un 5% del conocimiento científico de la población, el resto se acumula a lo largo de la vida por vías informales (desde lo que se ve en la TV hasta lo que se aprende visitando un museo o una exposición).