Eddy Zepeda
  • Managua, Nicaragua |
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Los avances del conocimiento han permitido acercarnos cada vez más a los escondrijos donde se albergan las causas de los fenómenos o procesos. Se ha llegado hasta la nanotecnología, o ciencia que estudia las partículas más pequeñas que los átomos, neutrones y electrones. La ciencia ficción de ayer es hoy conocimiento de rutina, en la mayoría de los campos. Julio Verne quedó corto con sus 20,000 leguas de viaje submarino. Pero, ¿cómo divulgar y diseminar tanta información que brota cada día? ¿Cómo beneficiarse de lo que puede producir para bien de la humanidad? ¿Incluyen las facultades de comunicación la perfilacion hacia la temática de abordar e informar sobre ciencia e investigación a la ciudadanía no científica, o al menos no escolarizada? NO.

La llegada de internet ha demostrado lo que muchos sospechaban: informar sobre ciencia no es un gueto aislado, con capacidad de captar la atención de los propios científicos y público especializado, sino que despierta el interés de todo tipo de lectores en todo el mundo, porque responde a preguntas relacionadas con la propia esencia del ser humano (¿quiénes somos? ¿de dónde venimos?), despierta la imaginación al abordar complejas misiones a los confines del espacio y se adentra en cuestiones que incluso desafían el sentido común, como cuando se habla de física cuántica.

La ciencia ha transformado la sociedad y continúa haciéndolo, volviéndola también una comunidad científicamente más educada. Una tarea pendiente y de difícil emprendimiento es la de llevar la ciencia o conocimientos verificables al espectador del común, del barrio, del municipio y de los centros de educación.

Si lo que se pretende es comunicar ciencia no se debe olvidar que la gente no conoce el idioma de la ciencia, debiéndose usar un lenguaje común. Desde la infancia se adquieren modelos de relación con el mundo que son universales y que servirán para crear metáforas, analogías y asociaciones de ideas que harán posible avanzar en la transmisión de conocimientos.

Con bastante retraso se está intentando llegar a todo tipo de público, que debe ser lo más importante para cualquier tipo de medio que pretende contribuir con desarrollo social. Para las élites ya existen medios y canales especializados, lo mismo que para los vinculados a la sociedad de consumo, que invade con modas, espectáculos, y otros tipos de contaminación visual y auditiva a masas enteras de habitantes cautos que caen en sus redes, cual fenómeno de adicción (ludópatas, pornógrafos, etc.). Neuromarketing han dado en llamarle y lamentablemente la venden como ciencia.

Hasta hace pocos años la divulgación de ciencia era estrictamente limitada a revistas e impresiones. Hoy todo ha cambiado. Las redes, los blogs permiten difusión instantánea a cualquier parte del planeta, con la desventaja que no todo lo que se difunde es válido o tan siquiera que merece ser revisado. Miles de personas que buscan información sobre salud se encuentran con propuestas de vendedores y estafadores, incluso charlatanes que ofrecen la cura de enfermedades que todavía no encuentran solución en grandes centros de investigación europea, norteamericana o asiática. Clásico de países del tercer mundo donde no existe regulación para proteger al ciudadano, y se promueve la difusión de información para desinformar y confundir, con el objetivo de generar utilidades obscenas y sumisión.

Los periodistas que quieren divulgar ciencia se encuentran con el dilema de cómo hacer su trabajo sostenible. ¿Cómo vivir de eso? ¿Cómo igualar en rating a los encargados de farándulas y de noticias vacías, pornografías disfrazadas de arte, que son las que atrapan al lector ingenuo o al de bajo nivel cultural o intelectual? Tarea casi titánica, más cuando no existe regulación de ningún ente público ni privado.

La sociedad del conocimiento debe empezar desde la primera infancia, con la estimulación temprana, induciendo hacia la indagación y el planteamiento de los porqués ante todo lo que existe en nuestros niños y niñas. Responsabilidad del Estado (de cualquier gobierno), de las universidades, del sector privado y de la comunidad toda.

Salud para todos.

* Médico.