Jorge Eduardo Arellano
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Los demostrativos ubican espacial o temporalmente al sustantivo que modifican. Son, pues, determinantes que muestran el lugar o el tiempo en que se encuentran los seres (personas, animales o cosas), en relación con el hablante: este (cuentapropistas), esta (regazón), estos (capachanchos), estas (mordidas) señalan proximidad; ese (piñero), esa (cherepa), esos (carboneros), esas (leperadas) indican distancia media; y aquel (venadero), aquella (pretina), aquellos (chimbilicocos), aquellas (cubetas) designan lejanía.

Ubicación del demostrativo

La tendencia extendida, como en español general, es el uso del demostrativo antepuesto:
- Esta guayola nadie te la cree.

- Esos chupaplatos viven de las migajas de los políticos.

- Aquellas palanganas iban repletas de nancites.

Veamos unos ejemplos de la literatura española:

En El Poema del Cid, el juglar anónimo cierra el Cantar Segundo con estos versos:
“Las coplas deste cantar aquis van acabando”.

Cuando el Canónigo, en El Quijote, aconseja a Sancho que en la administración de la justicia entra la “habilidad y buen juicio” y principalmente “la buena intención de acertar”, el escudero responde:
“-No sé esas filosofías”.

Y en “El fardo”, cuando el hijo del tío Lucas muere destrozado por “el gran bulto”, dice Darío:
“Aquel día no hubo pan ni medicinas en casa...”

En el habla nicaragüense, también encontramos ejemplos del demostrativo antepuesto. Leamos a José Román en su Cosmapa, una obra cuyos personajes hablan la lengua del nicaragüense:
“Como no se le va a querer a este hombre, si tiene cosas que lo aguadean a uno”.

Y una madre se dirige en su lengua a César Ramírez:

“Siempre le han salido en sus exámenes esas mentadas lambias y otros parásitos enredados que no sé qué serán”. (Lengua madre)
Y otra madre:
“Tiene una diarrea que es aquella cosa como que estuviera mal del estómago”.

Con el posesivo enfático, el demostrativo adquiere un matiz despectivo. Volvamos con Ramírez y su Lengua madre:
“Y viera qué catarro tiene, esas sus narices son virtientes”.

“La noche es chiquita para esa su diarrea”.

Con el demostrativo pospuesto y la preposición de, se oye decir con alguna frecuencia:
- “!Ay nos vemos un día de estos!”.

- “Y una tarde de esas la encontré ya parida en el tacotal”.

-”No olvido nunca una noche de aquellas que pasamos en el malecón”.

En Cosmapa de José Román se lee:

A esta muchacha me la va arruinar cualquier pion destos, porque yastá en edá, y como ya coge luna, cualquier día me le trabajan el jícaro.

El demostrativo con valor neutro

El demostrativo aquello tiene particulares significaciones, especialmente referidas a situaciones o hechos que sólo conocen los interlocutores. Un trabajador le cuenta a otro que su jefe se ha enredado con la secretaria de la empresa. Y cuando los dos compañeros son llamados por la esposa del empresario para averiguar las andanzas de su marido, uno de ellos le dice al otro:
“No digás nada de aquello que te conté”.

Sentido despectivo del demostrativo

El demostrativo pospuesto siempre tiene un carácter despectivo. Un señor, después de buscar en todas las farmacias un antitusivo, le dice molesto a su esposa:
“Nunca pude hallar la medicina esa”.

Y en Jesús Marchena, de Pedro Joaquín Chamorro:
“Era mucha la jodedera esa”.

El matiz peyorativo se intensifica cuando se aplica a nombres propios o nombres personalizados. Un joven, aburrido de esperar que se vaya el suegro para visitar a su novia con quien se ve a escondidas, le pregunta impaciente:
- “¿Ya se fue el viejo ese?”.

Y el papá, ya de regreso, le dice a la hija como para confirmar su sospecha:
- “¡Parece que te viste con el vago ese!”.

Y es que, el demostrativo pospuesto permite expresar toda la aversión que un individuo siente por otro:
- “Me cae en un güevo el tipo ese”.

Con el sustantivo en diminutivo, el carácter despreciativo adquiere cierto matiz irónico. La mamá observa la conducta de la amiga de su hija y le advierte:
- “¡Tené mucho cuidado, que tu amiguita esa no es buena cosa!”.

El sentido irónico se advierte más claramente en esta expresión, en la que una mujer arroja una sombra de duda sobre la virginidad de la hija de su vecina:
- “¡Yo creo que el Julito ese se te comosellamió a tu muchacha!”.

O esta otra, en la que un hombre deslenguado califica a primera vista la calidad moral de una dama a quien acaba de conocer:
- “¡Alegretona la muchachita esa!”.

Carácter evocador del demostrativo

En el español general, el demostrativo permite remontarse a una realidad lejana en el tiempo. Con ese mismo carácter evocador se emplea también en el habla nicaragüense para recordar hechos remotos que han quedado prendidos en la memoria. A veces, el demostrativo deja entrever un cierto matiz de malicia al recordar un hecho. Una ex pareja de amantes furtivos se reencuentra muchos años después, cuando cada uno ha formado hogar aparte. Y al recordar episodios de su época de enamorados, el hombre, con ojos pícaros y maliciosos, queda viendo a la mujer y le pregunta:
- “¿Te acordás de aquella noche detrás del excusado?”

Aquello tiene también una connotación sexual. Es muy corriente el empleo de esta forma neutra para referirse a la relación sexual, especialmente entre adolescentes “experimentados”. Una joven, después de verse con su novio, le cuenta a su amiga algunos detalles del encuentro. La amiga quiere saberlo todo y pregunta:
- “Bueno, ¿y aquello?”

Pero esta vez la respuesta fue descorazonadora:
- “¡No se pudo!”

rmatuslazo@cablenet.com.ni