Jorge Eduardo Arellano
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WASHINGTON, DC
Cuando el mundo está afrontando la agitación financiera más grave de la posguerra, la atención está centrada en las economías avanzadas y con mercados en ascenso afectadas de forma más inmediata, pero las repercusiones en los países pobres son mucho más graves.

El débil crecimiento económico mundial está contrayendo los mercados de exportación y muchos precios de materias primas están desplomándose. La combinación de unas condiciones crediticias más estrictas en las economías avanzadas y perspectivas económicas más sombrías en los países con bajos ingresos están afectando a las corrientes de inversión y las transferencias enviadas por los trabajadores, que ahora superan con mucho a la ayuda, pues constituyen las mayores corrientes financieras destinadas a los países con bajos ingresos, también están disminuyendo.

El África subsahariana depende en gran medida de las exportaciones de materias primas, por lo que es particularmente vulnerable a la recesión mundial. Muchos países africanos han aprovechado el pasado decenio para aplicar políticas económicas racionales y sostenibles que han propulsado un crecimiento potente y una inflación baja. Junto con el alivio de la deuda, el resultado de dichas políticas ha sido unos niveles bajos de deuda pública, unos sistemas financieros relativamente sanos y –lo más importante de todo– un aumento del nivel de vida.

Esos logros están ahora en riesgo. Los altos precios de los alimentos y los combustibles existentes hasta época reciente han pasado una cuantiosa factura a las finanzas de muchas economías africanas. Ahora afrontan un segundo golpe con la recesión mundial.

La prioridad para África y la comunidad internacional debe ser la de velar por que el continente capee el temporal financiero planetario, preserve los importantes logros del pasado decenio y siga consiguiendo avances decisivos en la lucha contra la pobreza. No es el momento de relajar las medidas encaminadas a la consecución de los objetivos de desarrollo del Milenio.

El de cómo ayudar a África a afrontar esa difícil situación –entre otras cosas, gracias a las enseñanzas que se desprenden de los éxitos del pasado– será el objetivo de una importante conferencia patrocinada por el FMI y el Presidente Jakaya Kikwete, de Tanzania, que se celebrará en Dar-es-Salaam el próximo mes de marzo. En ese examen de las perspectivas de África participarán no sólo autoridades oficiales, sino también representantes del sector privado y de la sociedad civil, a los que, como todos reconocemos, corresponde un papel decisivo.

Es evidente que la responsabilidad de la aplicación de políticas económicas racionales corresponde a los propios países africanos, pero la comunidad internacional debe estar preparada para ayudar. En mi opinión, unas políticas sólidas por la parte africana y un fuerte apoyo de la comunidad internacional ofrecen las mejores perspectivas en pro del crecimiento sostenido y la reducción de la pobreza en África. Éstas son las tres prioridades por las que debemos guiarnos:
-En primer lugar, si bien puede haber margen para el estímulo fiscal en algunos países, en muchos otros es limitado, razón por la cual la región en conjunto debe proteger su nivel, conseguido con duros esfuerzos, de deuda pública. Cuando haya pasado la tormenta, unos niveles bajos de deuda pública y unas finanzas públicas sostenibles serán decisivos para preservar el gasto que ayuda a los pobres y lograr el regreso de los inversores internacionales indispensables para el futuro crecimiento de África.

-En segundo lugar, el descenso de los precios internacionales brinda una oportunidad para reducir los niveles perjudicialmente altos de inflación, causada por la crisis a escala planetaria de los precios de los alimentos y los combustibles a comienzos del año pasado. Eso no significa imponer metas rígidas en materia de inflación, sino una política monetaria previsible y encaminada a lograr una estabilidad de los precios a medio plazo –con un tipo de cambio flexible, cuando proceda– que beneficie tanto al sector privado como –y esto es lo más importante– a los pobres.

-En tercer lugar, la comunidad internacional está obligada a cumplir su compromiso de aumentar la ayuda. No es el momento de renegar de esos compromisos. Igualmente importante es reanudar las negociaciones comerciales mundiales y lograr una conclusión con éxito de la Ronda de Doha, entre otras cosas para proteger a África contra el riesgo de un aumento del proteccionismo.

El FMI está preparado para hacer lo que le corresponde. Estamos colaborando estrechamente con nuestros 53 miembros africanos para reaccionar con las políticas apropiadas. Hemos aumentado la financiación que concedemos a los países más gravemente afectados por las crisis de los alimentos y los combustibles y estamos dispuestos a prestar apoyo suplementario –entre otras cosas, con un nuevo mecanismo de financiación para los países afectados por crisis exógenas– con vistas a ayudar a aquellos a los que la crisis financiera mundial ha afectado más gravemente.

También vamos a aumentar nuestra asistencia técnica para fortalecer la formulación de políticas en África y abrir dos nuevos centros regionales de asistencia técnica. Esperamos con el mayor interés las aportaciones que se hagan al respecto en la conferencia de Tanzania y también ideas sobre otras posibles actuaciones, incluso diferentes, por parte del Fondo.

Mientras África y sus socios capean juntos el temporal financiero, debemos velar por que los más vulnerables no queden olvidados y también por que se examinen, junto con todos los países interesados, las soluciones –para fortalecer la estabilidad financiera y evitar semejante agitación en el futuro– en las que se centrará la cumbre del G-20 en abril. Todas las miradas están puestas ahora en la crisis inmediata, pero no debemos perder de vista los imperativos a más largo plazo que permanecerán después de que amaine la tormenta. La conferencia de Tanzania nos permitirá evaluar lo que hemos aprendido de los éxitos del pasado, además de lo que es necesario cambiar en el futuro.

Nuestro objetivo común es claro: velar por que África no sólo capee el temporal inmediato, sino que salga de él más fortalecida.

Dominique Strauss-Kahn es Director Gerente del Fondo Monetario Internacional.

Copyright: Project Syndicate, 2009.

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