Rafael Lucio Gil *
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Es la educación, sin duda alguna, la clave del desarrollo humano sostenible de Nicaragua. Algunos indicadores económicos positivos, anuncian un crecimiento económico llamativo. No obstante, la sostenibilidad y sanidad de dicho crecimiento, requieren tener rostro humano y como principal aliadas a una educación transformada. Mientras esto no se haga realidad, se pone en grave riesgo el desarrollo y futuro del país. Señalaremos, en tres partes, aspectos que creemos son troncales para una auténtica revolución educativa. 

De currículos centrados en asignaturas, a currículos actualizados científicamente, basados en capacidades y competencias reales: La transformación curricular del 2009, si bien pareciera orientarse en competencias, acaba centrándose en asignaturas, descuidando totalmente el desarrollo de capacidades, y desnaturalizando por completo en la práctica del aula, el desarrollo de las competencias. En los últimos años se han incorporado nuevas asignaturas, como “emprendimiento”. Pero el éxito no reside en más asignaturas, sino en integrar conocimientos clásicos y nuevos en ejes de enseñanza-aprendizaje, articulándolos entre sí. Además, se necesita que las competencias esperadas resulten de la integración y unidad real entre el conocer, el saber hacer, el saber ser y el saber aplicar con utilidad. Urge superar currículos centrados en la teoría, y estrechar lazos firmes entre los conocimientos y la realidad del país en la cual se deben aplicar. 

De aprendizajes memorísticos de hechos y conceptos, a aprendizajes comprendidos, integrados y aplicados al contexto cotidiano y útil: Este paso es crucial. Por el momento, lo que se aprende en todos los niveles y grados, se centra únicamente en retener y reproducir mecánicamente hechos, fechas y conceptos. La gran diferencia entre las pruebas del Serce Y Terce del Laboratorio de Calidad de la Unesco  (Chile), que se aplican en Latinoamérica, y las pruebas PISA aplicadas en varios continentes es que, mientras las primeras se centran en la comprensión y reproducción del conocimiento científico, la segunda tiene por objetivo que el estudiantado logre con los conocimientos aprendidos, aplicarlos demostrando qué pude lograr con ellos y generando nuevos saberes.  Esto último nos invita a aplicar nuevas metodologías dirigidas (Enseñanza Problémica), no tanto a explicar contenidos, sino a indagar los conocimientos, integrándolos entre sí a través de pequeñas investigaciones.

De un pensamiento educativo preso de la rutina, el menor esfuerzo y el pensamiento único, a un pensamiento liberado, abierto, crítico y comprometido con la transformación de la realidad: El mejor currículo sucumbe, cuando se prohíbe pensar distinto, con creatividad y búsqueda libre de soluciones y opciones políticas. Cuando la inteligencia está sitiada, sin posibilidades de motivarse a explorar caminos; cuando las soluciones, orientaciones y caminos ya están prescritos en la educación de la niñez y adolescencia, el pensamiento no desarrolla sus capacidades de abrirse a mundos y sociedades diferentes, no se motiva a superar retos intelectuales nuevos, ni a concebir un país diferente. El aprendizaje de la lectura y escritura, desde el nivel primario y secundario, persiste con fuertes debilidades y vacíos, lo que impide desarrollar el pensamiento con la solidez requerida, limitándose este a reproducir ideas, a repetir lemas no comprendidos, a servir de comodín de distintas formas de poder, y a ser usado como portátil política de intereses no educativos. No superar estos graves déficit, empeñará cualquier esfuerzo por desarrollar y liberar el pensamiento de la niñez y adolescencia.

De la reproducción mecánica de modelos de gestión educativa centralista, al desarrollo de la iniciativa, creatividad, innovación de ideas y de modelos y estrategias, en la dirección de centros y actuación pedagógicas: Los centros educativos son presas de un centralismo absurdo y contradictorio desde el centro de decisiones, que anula gradualmente capacidades y posibilidades de mejorar la calidad, e induce al temor y miedo a provocar cualquier cambio no orientado; dirigentes y docentes se acomodan esperando orientaciones, perdiendo oportunidades de generar cambios y buscar soluciones en los contextos diversos del centro educativo. Cuando se descentraliza el poder y no los problemas, el centro educativo cobra vida y las posibilidades de generar identidad propia y calidad, nutren la creatividad y posibilidad de desarrollar procesos de innovación y contextualización educativas.

* Director Ideuca.