Jorge Eduardo Arellano
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Tristeza más que molestia nos causa saber que nuestros propios ciudadanos se alegren del retiro de ayudas que tanto necesitamos. Los titulares en grande por el retiro de la ayuda de parte de una ONG italiana para la construcción de un hospital en León denotan la alegría que les provoca a algunas personas el cierre de la cooperación, no al gobierno, sino a la población que tanto la necesita.

El hecho de exigir el cumplimiento de las regulaciones nacionales para construcción, implementación, etc., de cualquier estrategia en cualquier ámbito de la colaboración es algo que se considera normal. La arrogancia con que algunos vienen a querer decirnos qué hacer y cómo hacerlo es ofensiva y hasta lacera nuestra dignidad. Recuerden que ya no somos monos arriba de un árbol, ya se dieron cuenta de que nos reímos, igual que ustedes, europeos, anglosajones y resto de primer mundistas.

Es importante definir en materia de cooperación internacional que se tiene una cartera de proyectos, basados en necesidades específicas que han sido elaborados por especialistas nacionales estudiados en los diferentes continentes, incluyendo el europeo, por tanto, reúnen la calidad necesaria para ser factibles y sustentables.

Podemos aceptar el aporte de la experiencia de quienes han desarrollado por 10 o mas años determinada actividad, pero NO podemos permitir que nos impongan cómo hacer nuestras cosas. El hecho de tener el dinero no faculta a nadie a imponer. La cooperación cubana, con tantos años en conocimientos en Salud jamás nos ha venido a decir qué y cómo hacer las cosas. Proponen, llegan a consenso y van de la mano con las instituciones nacionales. Respeto antes de todo. Dos experiencias bastarían mencionar en relación a la necesidad de consensuar entre las partes, antes de echar andar un proyecto:
A mediados del 90 se intentó hacer control de vectores transmisores de malaria y dengue a través de control hormonal, cuyos costos eran elevados, la experiencia no existía y los planes corrían el riesgo de ser estériles en resultados. Afortunadamente se continuaron los programas ya conocidos, que son factibles por nuestra economía y cuyos resultados al final son equivalentes. No se realizó la propuesta exótica que se quería ensayar.

En el mismo periodo, otro proyecto que propuso el pago por participación de brigadistas en un sector tan vulnerable como La Chureca. Resultado: disminución de proyectos con componentes de voluntariado.

Los informes de tales experiencias se encuentran en los archivos del Minsa, para quienes quieran confirmarlos.

Es increíble la arrogancia de quienes fueron entrevistados en relación con este caso. Expresar que se tiene la experiencia suficiente, por 10 años de trabajo en otros lados, no es suficiente razón para que aceptemos todo lo que se nos dice. Permitan por favor opinar y decidir en conjunto, que somos nosotros los que conocemos nuestra realidad, nuestras necesidades, y si estamos anuentes a aceptar sus recomendaciones como países desarrollados. La idiosincrasia la conocemos nosotros.

En todo caso, agradecemos como nación todo el apoyo que nos brindan, y que sea extensivo a sus ciudadanos que son a fin de cuentas quienes aportan con sus impuestos para que esa ayuda llegue hasta estos países con menos oportunidades.