Gustavo-Adolfo Vargas *
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El enclave suizo de Davos fue la sede del 47° Foro Económico Mundial. Allí se encontraron las principales corporaciones que coordinan las directivas que lanzan lineamientos estratégicos. Este funciona como uno de los clubes exclusivos.

El Foro de Davos junto al club Bilderberg, pretende erigirse en gobernanza global paralela, de carácter privado, colocando liderazgo, emprendedurismo empresarial, innovación tecnológica y formas de dirección sobre esquemas democráticos nacionales y formas tradicionales de articulación internacional como las Naciones Unidas.  

Donald Trump, presidente electo, de Estados Unidos, país perteneciente al G-20, no fue formalmente invitado, ya que asumiría después de la fecha. Aunque si asistieron miembros de su Gobierno, entre ellos: Gary Cohn (designado director del Consejo Nacional Económico), expresidente del banco Goldman Sachs, quien participa regularmente en Davos.

Xi Jinping, presidente de China, fue el participante más destacado en el Foro Económico Mundial, siendo la primera vez que un presidente de este país asiste a dicha cumbre capitalista.

El triunfo neonacionalista de Trump y el "brexit", más la previsión de posibles avances políticos ultraderechistas en las elecciones de Alemania, Francia, Holanda y República Checa, hizo sonar la alarma de los regentes del mundo corporativo.

Parece ser, que el proteccionismo modificará el tablero de la globalización, que las corporaciones destruyeron para facilitar sus movimientos, un escenario ante el cual el concilio de Davos no podía permanecer pasivo. 

“Liderazgo sensible y responsable”, fue el lema de convocatoria al "Foro de Davos 2017", cuyo contenido dice: “El debilitamiento de múltiples sistemas ha erosionado la confianza en los niveles nacionales, regionales y globales. Y en ausencia de pasos innovadores y creíbles hacia su renovación, aumenta la probabilidad de una espiral descendente de la economía global impulsada por el proteccionismo, el populismo y el nativismo”.

El Foro seguiría avanzando hacia la reconversión capitalista, si no fuera por los sucesos políticos. La llamada Cuarta Revolución Industrial, se caracteriza por la unificación de tecnologías, mismas que van borrando las líneas entre las esferas físicas, digitales y biológicas. 

Para mecanizar la producción, las primeras revoluciones tecnológicas usaron: agua y vapor; electricidad; y electrónica e informática. También la inteligencia artificial: robótica, internet, vehículos autónomos, impresión 3D, nano y biotecnología. Las ciencias de la materia, nuevos dispositivos de almacenamiento de energía y la computación cuántica. Los impulsores de Davos ven en este “nuevo mundo” en desarrollo, oportunidades exponenciales de negocios.

Al parecer lo único que permanece inalterable es la existencia y preeminencia del poder económico, aun por encima del bienestar y la decisión soberana de las mayorías. Sin embargo, en esta edición de Davos, parece que no se avanzó en los planes absolutistas de tecnologización social, no tomaron en cuenta el caos social que produjeron anteriormente. 

Actualmente la miseria, el hambre y la desigualdad social, arrasan amplias extensiones, peligrando que se incrementen más aún si la “Cuarta Revolución” es manejada por las corporaciones y sus lacayos.

Una completa e integrada automatización en la producción, conlleva la eliminación de millones de puestos de trabajo, significando una atroz competencia entre los asalariados, quienes mendigarían subsistencia en sus puestos a cambio de su entrega total. 

Analistas del campo corporativo, prevén una posible ampliación de las brechas entre los segmentos: mejor pagos (los que requieren conocimientos y especialización); y otro tipo de tareas, principalmente servicios de poco valor agregado, reservados para los más pobres entre los pobres.

La sombra de la inquietud mundial, generada por la hipertrofia financiera y la concentración del capital aterroriza a los miembros del club de los ricos y tiene un nombre: “populismo”.

Según el Foro Económico Mundial, hay tres riesgos principales del mundo para los próximos 10 años: la desigualdad económica, la polarización social y los crecientes peligros medioambientales.

En la edición de "Davos 2017" hubo algo que comienza a socializarse; la “incertidumbre”, que ya no parece ser solo potestad exclusiva de los desposeídos.

*Diplomático, Jurista y Politólogo. 

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