Carlos Andrés Pastrán Morales
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Las poblaciones y las generaciones crecen cada día que pasa, siempre hay nuevas personas que vienen al mundo, otras que se van, siempre hay nuevos inventos, nuevas compras, nuevos vehículos, más buses, más taxis, más gente usando el transporte público y más personas que tienen que viajar de los departamentos a la capital.

Es la modernidad dicen, pero esto resulta ser un problema, al realizar los deberes diarios de la mañana o la tarde, todas las calles de la capital están a tope de vehículos que trasladan gente, y por esta misma razón existen los retrasos, llegadas tarde, sofocamiento, estrés y desesperación.

Una posible solución para las personas que viajan desde los departamentos y tienen que estar tomando buses interlocales a diario, es que se vengan a vivir a la capital, pero ese también es otro problema, que en la capital no existen suficientes sitios de alquiler, o departamentos o casas. Debería de existir edificios con apartamentos con precios justos o precios más favorables para quienes no pueden pagar los apartamentos de lujo. Facilitaría el movimiento diario entre los apartamentos y solo se pagaría la mensualidad del local y hacer los deberes diarios con más tranquilidad, tiempo y disponibilidad.

En Managua el tráfico es un demonio que nos lleva cada vez más hacia el infierno. Hace unos cuantos días se anunció la noticia sobre un préstamo que aprobó el Directorio del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) de 255,907,000 dólares para la construcción de cinco pasos a desnivel, seis puentes peatonales, la rehabilitación de la pista Juan Pablo II, y otras obras en el municipio de Managua, se ve que vamos avanzando, pero ojalá que sean obras pensando no solo para que los vehículos circulen mejor y más rápido, sino pensando en la gente.

Ojalá este proyecto se realice de forma correcta brindando a cada uno de los habitantes de la capital acceso, facilidad, movilización y menos tráfico a la hora de ir por las calles, porque es horrible y es tedioso tener que hacer gestiones, salir a las seis de la mañana, ir a la universidad o al trabajo, los buses están a tope y las personas no pueden si quiera subir, las calles están llenas de vehículos, y si uno no organiza bien su tiempo termina llegando tarde a su destino, y lo peor, en el intento te atropella una moto o un carro.

Lo mismo pasa 12 horas después, si alguien quiere salir a comer, o está terminando del trabajo o vas a algún lugar cualquiera, se termina estallando del sofoque por la cantidad de personas, carros, buses, taxis, calor, euforia y desesperación en las calles.

Esta modernidad y mejoría económica están haciendo que vivamos una vida más apurada, más desgastante y perdiendo la calidad de vivir, porque ocupamos demasiado tiempo en transportarnos de un lugar a otro.  

Un relato personal es que una vez tomé un taxi a Metrocentro, que a otra hora pude haber llegado en 15 minutos, pero esa vez tardé una hora en movilizarme entre la colonia El Periodista y Metrocentro, y el taxista seguramente acostumbrado al asunto dio un estimado de tiempo que esperaríamos para llegar al lugar, se acomodó y empezó a jugar con su celular para matar el tiempo, mientras avanzábamos poco a poco, entre pitos, chiflidos, ruidos de motores de vehículos, humo, gases y calor.

Todos esperamos, que pronto la mejora de las vías y el tráfico sean resueltos satisfactoriamente, porque con cada día, semana, mes y año que pasa se integran más personas a la vida activa y económica, crece el número de carros y motos, que hacen peor del tráfico y donde deben de existir esas soluciones son ahora mismo, para que las futuras generaciones y la actual disfruten de esa bendición de tener menos tráfico atascado y más calles por donde transitar sin temor a ser atropellado.

Ojalá todo se resuelva, que siga en pie, los planes sean correctos, al igual que los proyectos y que la movilidad dentro de la capital sea mal fluida para todos, pero es fundamental que cualquier modernidad, cualquier cambio, nuevas calles, rotondas y avenidas, sean pensando más en la gente, en el ser humano.