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La libertad política es la condición previa del desarrollo económico y del cambio social.

John Fitzgerald Kennedy

La realización de las recientes marchas convocadas por la Unión Ciudadana por la Democracia (UCD) representó la legítima expresión ciudadana como protesta cívica contra el fraude denunciado en las pasadas Elecciones Municipales, además de un rechazo a las arbitrariedades en las que ha incurrido el gobierno del presidente Daniel Ortega, vulnerando las libertades y los derechos cívicos y políticos de los ciudadanos amparados por nuestra Constitución Política.

Reiteradamente y de manera sistemática, el gobierno del presidente Ortega a través de la intimidación, el chantaje y el abuso de poder ha venido lesionando de forma directa, algunas veces, y otras de manera solapada, los elementales derechos ciudadanos congruentes con un Estado de derecho, como lo es la libertad de expresión, de libre locomoción, el derecho de elegir y ser elegidos así como el derecho de todos los ciudadanos de movilizarse y manifestarse públicamente acorde con la ley.

Desafortunadamente, las fuerzas de choque progubernamentales pretendieron una vez más arrebatarle a los ciudadanos a través de la intimidación y la violencia, su legítimo derecho de manifestarse y protestar públicamente contra los excesos del gobierno del presidente Ortega, apostaron a doblegar el espíritu democrático de la ciudadanía pretendiendo evitar que se pronunciase en rechazo ante cualquier tentativa de opresión y vejamen hacia sus derechos y libertades, intentaron impedir la marcha ciudadana que se desbordó cívicamente y que le reiteró su claro mensaje al gobernante: Democracia SÍ, Dictadura NO.

Fracasaron al pretender contener la fuerza que emana de la dignidad y de la legítima aspiración de una sociedad que rechaza la opresión y cualquier intento de sometimiento en detrimento de sus libertades. Estoy plenamente convencido de que la mayoría de los nicaragüenses, excepto los que han vivido de manera parasitaria del viejo modelo social y político heredado, deseamos vivir en libertad y construir en democracia un futuro digno de heredar a nuestros hijos en una sociedad igualmente digna y próspera, sin el estigma de un ignominioso exilio o de la oprobiosa miseria en la que hoy se encuentran muchos nicaragüenses asentados en países vecinos o sobreviviendo al margen de la extrema pobreza en su propia patria, lo cual es aún más denigrante y pone en evidencia nuestro fracaso como nación.

El reto de forjarnos una patria grande inspirada en el sublime sueño que nos legó Darío, implica necesariamente romper los viejos esquemas en todos sus órdenes. El actual modelo está agotado, el mismo FSLN, otrora vanguardia de un proceso revolucionario fallido, hoy vegeta como una fuerza política reaccionaria obstaculizando los procesos de cambio necesarios para continuar avanzando en la construcción del andamiaje de la democracia en Nicaragua.

El primer grande reto que estamos obligados a asumir todos los nicaragüenses para avanzar en lo que debería ser considerado un proyecto de nación, irrenunciablemente ha de ser continuar manteniendo firme la resistencia ciudadana, defendiendo nuestros derechos y ejerciéndolos sin vacilar a pesar de la coacción del gobierno sobre la mayoría de los ciudadanos. Este primer paso para impedir que los intereses sectarios de la cúpula política pactista continúen cerrando los espacios democráticos, ha de convertirse en un fuerte eslabón de la resistencia cívica, porque sin democracia, como bien afirmaba Octavio Paz, la libertad es una quimera.