Pablo Amaya
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Causa sorpresa leer el artículo de opinión publicado en esta misma página por el señor Tomás Borge bajo el título “Con los ojos cerrados” ﴾END 27/02/09), en referencia a un artículo publicado por el escritor Sergio Ramírez Mercado con el título “Con los Ojos Abiertos” (La Prensa 19/02/09), donde se refiere a la muerte precoz, casi inevitable de los verdaderos héroes, entre los que mencionaba a Sandino, asesinado a traición a sus 39 años, y al Che Guevara, a igual edad.

De ahí parten los comentarios del señor Tomás y es donde comienza también la transgresión a la virtud moral mediante afirmaciones escleróticas e inconcebibles, típicas de las impetuosidades irreflexivas que siempre caracterizaron al señor Tomás, “el más odiado y a la vez el más querido” a como alguna vez le dijo Eduardo Galeano, quien prefirió hacer esta caracterización binaria en el prólogo de un libro de bolsillo que escribiera el señor Tomás con sus mejores discursos en sus días aciagos de los 80 en que se desempeñaba como ministro del oscuro ministerio del interior, más tarde el mismo Galeano le diría que no se explicaba cómo aquellos que estuvieron dispuestos a entregar su vida con valentía en la guerrilla no tuvieran ahora la valentía para entregar las mansiones y vehículos de lujo, obviamente al escritor Galeano ya nunca más se le consideró “amigo de la revolución” por decirles la verdad, mucho menos héroe, aunque haya escrito “Las venas abiertas de América Latina”.

Hacer comparaciones entre el señor presidente Ortega y el Poeta Cardenal es hasta cierto punto absurdo, es como comparar peras con olmos y representa una aberración cultural dado que hay un poeta de por medio; así como considerar al señor Presidente Ortega el hombre más grande de la historia contemporánea constituye una aberración histórica, mientras a Ernesto Cardenal se le considera a nivel latinoamericano uno de los más si no el más importante poeta vivo consecuente con causas y principios, nuestro actual presidente se está perfilando como poseedor de un prototipo de gobierno totalitario y por tanto enemigo de la libertad de expresión y de los derechos humanos fundamentales, como es el derecho que tenemos mis conciudadanos y yo a elegir libremente tanto a mis gobernadores municipales como presidenciales sin que medie la ignominia del fraude electoral, y si lo que desea el señor presidente es dar soluciones a los problemas que nos aquejan debe ocuparse más del bienestar social que de crear un universo concentracionario de poder basado en su ideología distorsionada que no es por supuesto la ideología de Sandino, de ahí, deduzco, las interpretaciones enrevesadas y la negación del héroe nacional a la que se refiere Ramírez en su artículo.

El señor Tomás cree desacertadamente que basta recordar a Sandino conmemorando su muerte, que basta diciendo yo no lo olvido porque lo recuerdo o escribir un libro con buena prosa, no, Señor Tomás, a Sandino hay que vivirlo llevando a la práctica sus ideales basados en su humildad, su patriotismo, su desprecio a cualquier forma de enriquecimiento, peor aún el ilícito. El que depreda los bienes de la nación y se enriquece gracias al sudor de los nicaragüenses no es sandinista sino depredador. Los que le niegan al pueblo el derecho de expresarse libremente en las calles no son sandinistas, son déspotas. Los que pactan no para obtener la paz como Sandino sino para infiltrar como un tumor maligno todos los poderes del Estado no son sandinistas, son usurpadores. Los que generan el terror entre la población que reclama sus derechos civiles no son sandinistas, son terroristas.

La vida de un héroe está determinada por un hecho heroico o la sumatoria de hechos heroicos que dejan sus huellas en la historia; como en un juego de ajedrez, se pueden hacer muchos movimientos brillantes pero un equívoco basta para perder la partida. No es suficiente con haber bendecido la junta de gobierno, no basta con haber fundado un partido, la gloria y la heroicidad no se ganan para toda la vida, con un mal acto con una mala acción podemos pasar rápidamente de héroes a villanos, ésa es la causa por la cual los actos heroicos de algunos ex-guerrilleros de antaño hoy en el poder ya no son más que simples recuerdos opacados por las viles acciones del presente.

Todos estos largos años no le han permitido al señor Tomás, comprender y hacer la diferencia entre decir “no me maten soy Tomás Borge y valgo más vivo que muerto por la información que les puedo brindar”, o gritar ¡que se rinda tu madre!, creo que no ha comprendido que ése es el umbral que hace la diferencia entre la vida y la muerte, entre morir joven como héroe o cagado de viejo con forúnculos en las nalgas en una cama podrido de dinero mal habido, creo que no ha comprendido cuál es el umbral de la heroicidad entre los que murieron jóvenes como héroes y de los que morirán viejos como villanos.