Gustavo-Adolfo Vargas*
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Según los analistas, el presidente ruso (Vladimir Putin), se adapta a un mundo cambiante. Controla con autoritarismo el país más extenso del planeta, situándolo al frente de la escena internacional.

Rusia posee extraordinarios activos estratégicos, entre ellos su territorio inmenso, enormes recursos energéticos, un gran arsenal nuclear y notables fuerzas armadas tras una década de fuerte inversión. Pese a todo ello su PIB representa aproximadamente un 8% del de la Unión Europea o Estados Unidos.

El mundo visto desde Moscú es un lugar más prometedor. La cadena de desarrollos estratégicos favorables para Rusia es impresionante. El nuevo presidente de Estados Unidos, pretende mejorar las relaciones con el Kremlin. El "brexit" ocupa las limitadas energías de la Unión Europea: en Francia dos candidatos rusófilos, Marine Le Pen y Francois Fillon, encabezan la carrera para el Eliseo; Italia pide reactivar el G-8 con Moscú; Bulgaria y Moldavia eligen presidentes prorrusos; en Oriente próximo, la intervención en Siria es un éxito con la reconquista de Alepo; Asia avanza el proyecto para suministrar gas a China, para diversificar el mercado.

Putin, trabajó más de 20 años en El Comité para la Seguridad del Estado (KGB) en la URSS y posteriormente en la RDA; para este, su país debe ser fuerte en el interior, poderoso en el exterior y con un sistema político que tenga en cuenta su singularidad geográfica, histórica y humana. Desde su presidencia, se perpetúa el espíritu de superpotencia con la pretensión de ser el único rival de Estados Unidos y representar el futuro de la humanidad.

En 1990, Putin presenció el derrumbe, la potencia y el progreso desaparecieron. Quedo la promesa de un nuevo mundo que llevo al estancamiento político y el atraso económico, motivándolo a reconstruir el país a partir de la realidad, negándose a utilizar el modelo prefabricado de la democracia occidental.

Él está convencido de que Rusia no es un país cualquiera, es el más extenso del mundo, de numerosos pueblos con historia, cultura y religiones distintas. Un Estado situado en la encrucijada entre tres mundos (Europa, el Oriente musulmán y el Extremo Oriente), que se refleja en la diversidad de sus ciudadanos.

El modelo soviético colapso; pero ahora se aprecian profundas grietas en el modelo ganador. La fragmentación en políticas nacionales, alianzas occidentales (Unión Europea y OTAN); el debilitamiento del orden internacional impulsado por Occidente (ONU, FMI, BM, Justicia Internacional, etc.).

Putin tiene la certeza de que la democracia debe incorporar todos esos elementos, incluyendo las enseñanzas de una historia difícil, sobre todos las tres civilizaciones que rodean a Rusia y se integran en ella. Su democracia deberá ser específica. Según él: el poder es lo que permite mantener la unidad del complejo inmenso y variado, impidiendo que estalle, como estuvo a punto de ocurrir en 1917 y 1991.

La vertical del poder implica una centralización, una autoridad real y un Gobierno autoritario, aunque simultáneamente haya margen para cierta autonomía de las organizaciones territoriales y nacionales; y el reconocimiento del pluralismo espiritual. Según Putin: Rusia también es un Estado musulmán. El espacio y la conciencia de las limitaciones que impone, es la base de su reflexión.

Rusia tiene fronteras interminables y pocas fronteras naturales. Constantemente ha peligrado ser invadida y esos invasores, excepto los mongoles, siempre llegan de Occidente. Los rusos tienen el sentimiento de que viven acosados y deben prevenir esa amenaza.

Para Putin, el hecho de que la OTAN sobreviva hace necesario garantizar un entorno seguro alrededor de Rusia. Pero su elemento esencial, sigue siendo restablecer el equilibrio de poder con Estados Unidos. Para ello, recurre a la concepción rusa tradicional de poder (el poder militar).

Rusia estuvo ausente del escenario internacional, pero ahora regresa de forma decisiva en Siria, Irak y Extremo Oriente. Aquí la política euroasiática y las alianzas de las que Rusia forma parte, especialmente el grupo de Shanghái, lo convierten en un país asiático, ahora, que el centro de gravedad internacional se está deslizando cada vez más hacia su territorio.

Como gobernar ese espacio interminable, con nueve husos de horarios y esa variedad humana, si no es con “autoridad”.

* Diplomático, Jurista y Politólogo.