Jorge Eduardo Arellano
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A los primeros nicas en Hollywood ––Adolfo Vivas, Manuel Martínez Ulloa y Joaquín Elizondo–– les sigue, en orden cronológico, Gabry Rivas (1890-1969), quien en el suplemento dominical de La Prensa, del 3 de noviembre de 1963, Gabry escribió un artículo sobre Aldolfo Menjou (1890-1963), donde declara haber trabajado en 1930 “como actor de pocas dimensiones” en siete películas. A saber: interpretando a Joe en "El Presidio" (con Juan Landa y José Crespo); al burgomaestre en "Olimpia" (con Elvira Morla y María Alba); y a un barman "En cada puerto un amor". También fue un vendedor de naranjas en "Sevilla de mis amores" (cuyo protagonista era Ramón Novarro); el papel de Cschiallock en "El Comediante" y el de Eduardo Vílchez, un detective, en "Del mismo barro", con Carlos Villarías. Finalmente, Rivas fue chofer en "Amor audaz", protagonizada por Rosita Moreno, Ramón Perea y Adolfo Menjou; cochero en una octava película: "Drácula" y desempeñó otro papel secundario en una novena "El Jorobado", de Lon Chaney.

De origen francés, Menjou desplegó en Hollywood, con su donaire parisiense, un cartel estelar. Gabry lo conoció bien, pues Menjou le pagaba 250 dólares semanales por enseñarle español. El nicaragüense le regaló su sombrero panameño de pita para lucirlo con orgulloso desplante. Adolfo Menjou -fallecido a los 73 años- había escalado “todos los peldaños del típico  característico: desde el galán joven adolescente hasta el conquistador elegante y el anciano decrépito”. Gabry había sido expulsado de Nicaragua el 4 de octubre de 1929 con otros opositores al gobierno de José María Moncada, como Adolfo Ortega Díaz y Salomón de la Selva.

Yo tuve en mis manos unos artículos publicados en La Tribuna de San José, Costa Rica, y en La Nueva Prensa, donde Gabry se refiere a sus andanzas en Hollywood, cuando el cine era sonoro desde hacia menos de dos años. En ellos el notable periodista y actor ocasional y muy secundario -casi de extra- elogiaba a Ramón Novarro y describía el montaje de la famosa película parlante "The Big House", o sea, "El Presidio" en su versión española. “Si nos ponemos a realizar un paralelo entre las dos ediciones --escribiría más tarde Gabry--, la española resulta una mínima expresión, un reflejo pálido de aquella colosal cinta parlante. "Big House" fue escrita especialmente para formidables caracteres de la pantalla moderna, correspondiente cada uno a un tipo normal de la física cinematográfica. Frances Marion, la bella autora del libreto, vivió --antes de escribirlos-- los capítulos de la obra en los escenarios reales de las cárceles norteamericanas”.

Dirigida por George Hill, "Big House" tuvo su versión francesa de la original en inglés; “pero la italiana fue sincronizada de la española. Nosotros, pues, aparecimos en Italia hablando italiano por gracia del milagroso micrófono que suele pasar la voz al movimiento de los labios para producir la admirable impresión parlante”.

Al respecto, Hugo Astacio Cabrera evocaría que en Chinandega se colocaron carteles en varias esquinas de la ciudad anunciando “'El Presidio', con Gabry Rivas”. Mas resultó decepcionante para sus coterráneos comprobar que Gabry no era protagonista, ya que en su actuación “se limitó a salir por un recodo del presidio en el momento del motín de los presidiarios diciendo, pistola en mano: –Sigan por aquí. Y allí acabó su aparición” (Anécdotas y relatos chinandeganos / Remembranzas. Managua, Contexto Audiovisual 3,199.3, pp. 220-221).

También "El Presidio" fue exhibida en el Teatro Margot de Granada el 31 de mayo de 1931.

En “la caprichosa Ciudad de Celuloide” ––como llamaba a Hollywood––, Gabry constató “cómo en "Los Diez Mandamientos" de Theodoro Roberts y en "La Bestia y el Mar" de John Barrymore (1882-1942), la expectación de más de mil personas se paraliza de asombro ante los juegos de luz que en la pantalla señala el paso fugitivo y ficticio de la brillante y múltiple farándula” (“Dalmau, Bandera de América”, La Prensa, 11 de septiembre, 1927, pag. 1).

Para mí, la anécdota más simpática de Gabry es la que él mismo contaba. Cuando en su entrevista con el productor cinematográfico que le contrató en Hollywood, este le preguntó si tenía experiencia como actor. ¡Mucha! –le respondió Gabry. ¿Dónde? –le replicó el magnate. En Nicaragua. Fui diputado durante tres legislaturas –terminó de desarmarlo el nica, obteniendo una sonora carcajada de su nuevo patrón. Por cierto, he referido este episodio en "Héroes sin fusil" (Managua, Hispamer, 1998, p. 136).