Carlos Andrés Pastrán Morales
  •   Managua, Nicaragua  |
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Todos los habitantes del país, especialmente los que viven y se trasladan usualmente dentro de la capital, sabemos cómo es la situación de la movilidad y el transporte público y privado, lo complicado que resulta llegar a nuestros hogares después de un día de trabajo y estudio.

Podría decirse que ya sabemos exactamente cuánto nos va a cobrar un taxista, depende de dónde estemos y a dónde nos dirijamos. Sabemos también cómo es de dura la vida de estos taxistas, la mayoría hombres humildes, trabajadores, que pasan horas frente a un timón, ante mucho sol, otra parte indiferente que va conduciendo en silencio, pero todos están trabajando, bien que mal, para llevar un sustento a sus hogares. Eso se reconoce.

Pero ¿cómo cambiarían todas las cosas si se aceptara Uber en Nicaragua?

Claro está que los taxis dentro de la capital no brindan un buen servicio, la mayoría de los vehículos están casi descompuestos, los conductores no respetan las señales y leyes de tránsito, a veces son un ataúd andante. Lo digo porque soy un usuario regular del servicio de taxis en Managua.

Cuando uno se monta en un taxi ya sabe que se arriesga también la vida. Existe intimidación y un temor de la población por usar el transporte urbano selectivo, debido a los actos de violación y robo que se notifican casualmente, o que simplemente hayamos escuchado la anécdota de alguna víctima. Hay momentos oportunos e inoportunos en donde nos vemos obligados a pagar un taxi para ir a nuestras casas y todos ya conocemos cómo funciona el sistema. No hay respeto a las leyes, se ofenden unos a otros, no hay cortesía al conducir y por lo general conducen de mal humor.

Muchas personas se vuelven chóferes de taxi porque no tuvieron las oportunidades tal vez de haberse hecho de otra profesión mejor pagada o porque quizá necesitan un trabajo urgente con el que puedan colaborar monetariamente a su familia, o porque no se hicieron profesionales en algo y un único trabajo fácil al que pueden acceder es a ser taxista, que no es ninguna profesión despreciable y que en cualquier parte del mundo es reconocida.

La inducción de Uber dentro del país podría haber sido glorioso, un salto a la modernidad y a un servicio de primer mundo, porque sería una alternativa más para las personas que necesitan un traslado fácil y seguro dentro de su ciudad. Mucha gente podría estar de acuerdo porque no están a gusto con el servicio brindado por los taxistas nacionales.

Y es cierto, sería mucho mejor tener Uber en el país, se volvería más seguro, más personas lo usarían y estarían satisfechas. Y que pague el servicio, aunque sea caro, el que tenga para pagar, así es el libre mercado, la oferta y la demanda, ¿no? Y así es el mundo en que vivimos, de competencia en donde el usuario o el cliente sea el beneficiado.

Acá el problema radica en que los taxistas se comenzarían a quedar sin trabajo, y todas esas personas que se sacrifican por la poca y fácil ganancia de manejar taxis se verían totalmente perjudicados, ellos y sus familias.
Se anunció que no entrará Uber al país por parte del Instituto Regulador del Transporte del Municipio de Managua, pero noticias dicen que aún no se niega la entrada a esta idea para que opere aquí.

Mejor sería que el transporte selectivo, al igual que el colectivo o público, fueran mejorados totalmente, que fuesen amables, con cortesía, que respetaran las leyes de tránsito y evitaran accidentes y que los empresarios de taxis o las cooperativas que brinden mejores servicios a la población, mejores conductores, vehículos en mejor estado, cero asaltos y violaciones, más seguridad, y así no habrá ninguna preocupación de ni clientes más satisfechos, ni de los taxistas que no perderían su trabajo.

Creo que en todo esto hay que ver una oportunidad en que todos salgamos ganando, incluyendo los turistas que vienen de fuera, que necesitan usar un taxi cómodo, seguro y con conductores respetuosos.

Es una oportunidad de mejorar todos, hasta nosotros los usuarios. No hay que perder el momento, sino viene Uber.