Orlando López-Selva
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El presidente norteamericano de los tweets tiene en vilo a todo el mundo.

Y hasta el momento, ha logrado profundizar la brecha de la misma sociedad norteamericana (ya lo habíamos predicho hace seis meses). Y con ello, el mundo está expectante ante lo que suceda con un decreto ejecutivo del jefe de la Casa Blanca. O, un tweet.

Lo visto hoy, habría sido impensable hace algunos meses: mejicanos y chinos se alían para crearse escudos antinorteamericanas; árabes y afrodescendientes se juntan para evitar ser víctimas raciales; los grandes diarios norteamericanos, convergen en sus ataques para dejar en mal al líder de la primera potencia global; industriales norteamericanos y mejicanos se unen para frenar las torceduras de brazo de la Casa Blanca, y que no queden mal los consumidores estadounidenses ni los trabajadores mejicanos.

¿Raro?

Estados Unidos tiene varios frentes de guerra. Militares: Siria, Afganistán, Iraq y los diferentes grupos yihadistas; diplomáticos: Rusia, China, México; comerciales: China, México, Japón, India.

Las medidas ejecutivas del presidente Trump tienen una razón de ser. Claro, cada quien siente las cosas con su propia piel. En este sentido, como latinoamericanos, no nos parece que a los mexicanos se le amenace con un muro. Acá, la cuestión sería ampliar las opciones legales.

Esa media, en particular, no nos gusta. Pero, ¿Washington debió explorar opciones menos controversiales?

Las reformas migratorias han pasado por todas las fases posibles, desde que estas tomaron mayor preponderancia, allá al final de los 70, bajo la administración del presidente Carter. Antes, como el flujo de inmigrantes era menor, todo se hacía ordenadamente, siguiendo las leyes y reglamentos vigentes.

Pero con el presidente Reagan, las cosas tuvieron un giro más agitado, debido, en parte, a las intervenciones militares estadounidenses, y a las crisis económicas internacionales, que pusieron mayor presión sobre los millones de refugiados que buscaban un nuevo hogar. Porque el sueño americano seguía ahí, esperando cobijar a quienes no tenían libertad o riquezas, para acogerlos en los brazos del tío Samuel.

Obviamente, cada guerra genera miles de refugiados. Y el conflicto en Siria —donde Estados Unidos tuvo una participación limitada— dejando todo en  manos moscovitas, ha sido gravoso para Washington, políticamente hablando.  

Estados Unidos perdió mucho involucrándose poco. La crisis de refugiados sirios, casi hace colapsar el sistema occidental de seguridad. Después de todo, Medio Oriente sigue siendo la mayor zona de turbulencias. Es una región de conflictos tórridos, agudos, expandibles, difíciles de tratar).  

Solo el Líbano, que estuvo bajo fuego de metrallas y bombas en los años 70 y algo en los 80, pudo surgir y respirar un poco; y ver una paz frágil, pero constante.

Además que la política exterior norteamericana es manejada con el enfoque de halcones o pichones. Esta vez, las dos cámaras están en manos de republicanos. Estos no entienden de acuerdos de paz, ni de diplomacia multilateral. No.

¡Never, ever!

Para los halcones, las soluciones deben hacer sentir la mano dura de Washington y verlo todo a la luz de la seguridad y el interés nacional.

Madeleine Albright, la exsecretaria de Estado norteamericana, afirmaba a finales de 2015 que: “…debemos tener un proceso de resolución que balancee generosidad con seguridad”.

Estados Unidos está peleando en diferentes batallas.

¡Los conservadores mandan hoy! Y se decantan por el realismo político y el proteccionismo. Cierto, los estadounidenses están perdiendo puestos de trabajo cada vez que una empresa abre sus puertas allende las fronteras.

Si regresan a territorio norteamericano, los costos de producción de las fábricas o industrias que se restablezcan, serán más altos. Por tanto, toda la manufactura norteamericana será más cara y menos competitiva.

Washington está tomando medidas no-correctivas sino de reculada. ¿Acaso no fueron norteamericanos e ingleses, bajo Reagan y Thatcher, los promotores, con bombos y platillos, del libre comercio, a principios de los 80?

¿¡Y ahora se echan para atrás!?

No creo que Trump albergue odios. Es proteccionista. Pero nosotros lo vemos mal, porque sus medidas ejecutivas adversan nuestro parecer. Nosotros queremos a México. Pero Washington no está para complacer nuestros sentimientos, sino para defender sus particulares intereses nacionales: comerciales, políticos, culturales, de seguridad.

Además, el presidente republicano se ha apropiado del ethos primigenio. Él está defendiendo la filosofía, el modo de vida, y la cultura popular, política anglonorteamericanas.

¿Por qué debemos creer que el que no coincide con nosotros, nos adversa? Simplemente, es diferente.
Putin hace lo mismo en Rusia; y Xi Jin-ping, en China.

Así, todo es cuestión de comprender cultura y contexto.