Gustavo-Adolfo Vargas*
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Las democracias occidentales observan como resurgen en su interior, ideas que todos pensaban que ya estaban superadas, como el racismo, la xenofobia y los planteamientos proteccionistas contrarios a la colaboración entre naciones.

En Europa se acrecienta el surgimiento de partidos derechistas, ultraconservadores, nacionalistas y populistas que se estimulan por ascenso al poder de Donald Trump. 

La manifestación del triunfo de Trump como presidente de Estados Unidos y la declarada intensión de Theresa May, al acelerar la desconexión del Reino Unido del resto de Europa, son dos muestras que amenazan destruir la estabilidad y progreso que logró Occidente, especialmente al finalizar la II Guerra Mundial.

Trump ya invalidó la participación de su país en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en ingles), abandonó el Tratado de Libre Comercio con Europa y el Tratado con México y Canadá. Con esas actitudes paga a los votantes de clase obrera que le ayudaron a ganar las elecciones, según él, están siendo perjudicados por las deslocalizaciones industriales.

El TPP, es un acuerdo que tenía con once países de la cuenca del Pacífico, el cual fue promovido por su antecesor, el demócrata Obama, quien veía este Acuerdo como una pieza central en su estrategia asiática ante China, país que no participaba en el tratado. También anunció que renegociará el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan). De esa forma impulsa la agenda con la clara intención de destruir el legado del anterior presidente sin pasar por el Congreso. Estas acciones fueron algunas de las promesas electorales de Trump.

Con tales decisiones desmonta el legado de Barack Obama, poniendo freno a la globalización. Otro de los ejes de campaña de Trump, fue el proteccionismo comercial (que contiene la imposición de trabas a la importación de productos y servicios extranjeros). Otro mensaje fue en contra de los inmigrantes mexicanos y musulmanes.

El presidente en su discurso inaugural expresó dos palabras: America first (América primero), un eslogan nacionalista y proteccionista contrario a la globalización, que en el vocabulario de los ideólogos del trumpismo, define el cosmopolitismo y el liberalismo que Trump quiere combatir.

Las primeras decisiones que tomó Trump marcan una ruptura con la política de Washington en las últimas décadas. Estados Unidos había impulsado la apertura de los mercados mundiales desde el final de la Segunda Guerra Mundial obteniendo máximos beneficios. 

El nuevo presidente rompe con uno de los dogmas de su partido (republicano), que durante décadas llevó el estandarte de la economía de libre mercado y de libre comercio. El magnate neoyorquino, ajeno a la política, hasta hace poco, ha transformado el partido de Lincoln.

John McCain (Senador Republicano que fue candidato a la presidencia en 2008), uno de los más críticos del presidente, dijo: “La decisión de Trump creará un espacio para que China reescriba las normas económicas a expensas de los trabajadores americanos, y enviará una señal preocupante sobre el repliegue americano en la región de Asia-Pacífico en el momento en que menos podemos permitírnoslo”.

El libre comercio no ha sido el único responsable, ni seguramente el principal. La pérdida de empleos industriales se debe en gran parte a la robotización. Las regiones más golpeadas por este fenómeno en el Medio Oeste, fueron clave en la victoria de Trump quien conectó con un sector del electorado (la clase obrera blanca), que se sentía desprotegida por los dos grandes partidos.

En los años 90, con la firma de Tlcan, los demócratas históricamente proteccionistas, aliados de los sindicatos y la clase obrera, se convirtieron en defensores del libre comercio.

El vocero de Obama criticó las órdenes ejecutivas: "Son contrarias a valores estadounidenses centrales de la no discriminación, trato justo y ofrecer una bienvenida a visitantes extranjeros e inmigrantes”.

Sally Yates (procuradora general en funciones), fue despedida al poner en duda la legalidad de la decisión del presidente electo, por el muy antidemocrático sistema electoral.

* Diplomático, jurista y politólogo.