Lesli Nicaragua
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

En este mundo contemporáneo tan violento, bélico, desorbitante, asfixiante, que en muchos genera más dudas que certezas, el hombre y la mujer, destruidos  tal vez por sus realidades y decisiones equívocas, necesitan saber su verdad, su génesis, su razón. Y aunque muchos no lo sepan, la historia de cada uno, de sus vidas, aparece en la Biblia, y aún más, su futuro deseado.          

Yo no lo sabía, hasta que una mañana de 2016 entré -aturdido y abrumado- con mi absoluta decisión, a probar si era cierto. El lugar donde fui se llama Instituto Bíblico Bautista Independiente de Nicaragua Sabatino, quedaba ubicado entonces en la iglesia bautista Renacer, en la colonia Máximo Jerez de Managua,  donde conocí, por primera vez a su director. Se llama Wilmer Espinoza, un hombre bajo, recio y con un don de palabra sabia, a quien le conté mi desatinada historia.

Que había asistido a dos institutos bíblicos e investigado un tercero, porque  en buena fe de periodista necesitaba al menos dos visiones de un tema. Y esto no contraviene ningún precepto ni es signo de inconsistencia, al contrario, sin saberlo puse en práctica un versículo importante : “Examinadlo todo; retened lo bueno…”. Esa vez -le expliqué-  me entrevisté con dos pastores y un monseñor, porque alguna vez me consideré católico. 

Y en los tres sitios descubrí que impartían una doctrina que riñe con la verdadera palabra. Lo digo con la experiencia de los casos y sin saber absolutamente nada de teología. Con el monseñor acudí a varias reuniones de alto nivel de una congregación seudolaica y casi política, y a los tres meses vi que estudiamos más las ideologías que la Biblia. Comprendí ahí que Dios estaba en un segundo plano.

En los otros dos sitios asistí en primera fila a un “espectáculo” emocional que atrae, porque en serio, todos deseamos ser prosperados, y ese es el tema angular de toda su predicación. Y vi gente que saltaba, otros lloraban y algunos más tenían movimientos epilépticos. Luego, tras el escenario, me reuní con los máximos dirigentes de estas iglesias, en oficinas extensas y camerinescas, con muchos retratos de ellos con figuras públicas y un sinfín de asistentes. Me sentí un poco ofuscado, más aún cuando se despidieron y se subieron a sus grandes camionetas blancas que tenían aparcadas en sus lugares exclusivos. Entendí que un tufillo acre a fama y emociones era más importante que Dios.

“Por eso vengo acá. Quiero conocer de verdad a Dios”, le dije al fin. Entonces de entrada me expresó sus pretensiones: “En este instituto enseñamos  la sana doctrina. Nuestro fundamento es solo la Biblia”. Desde entonces acudí cada sábado a recibir las clases de parte de unos maestros prudentes e instruidos en la Biblia. Todos pastores. Todos  inteligentes. Ahora sé, como cristiano, que no llegué por casualidad, esta no existe.   

Este año el Instituto Bíblico se ubica en la iglesia bautista El Jordán, en el barrio Waspam Sur. Un sitio más conocido y céntrico, apunta  Espinoza, quien además  es pastor de la iglesia bautista Vida Nueva, en Villa Reconciliación, y a la vez que lanza una invitación a quienes deseen estudiar la Palabra con la seriedad y reverencia que se merece, a acercarse a  Vida Nueva o a la iglesia El Jordán. Los requisitos: pertenecer a una iglesia y tener la disposición de tiempo y de estudios, que es lo más importante. Porque es obligatorio tener un instituto como este para realmente saber de Dios. La vida te cambia, en serio. 

*Periodista y estudiante bíblico