Gustavo Hernández García
  •   Managua, Nicaragua  |
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Sabemos que se han incrementado los accidentes de tránsito en Nicaragua y con ello el número de personas lesionadas, endeudadas, fallecidas y huérfanas. En fin, con esta “epidemia” se está profundizando la pobreza de muchos hogares nicaragüenses.

Nadie está exento de sufrir un percance vial en cualquier momento, por eso la prevención es imperativa. Para hacerla es necesario que las autoridades tomen en cuenta muchos factores que se asocian, para que ocurra un accidente.

Entre estos factores, mundialmente reconocidos, está el estado del vehículo, la vía por donde circula este, el ambiente, la hora, la visibilidad, el peatón y, por supuesto,  el conductor, factor humano inteligente obligado a dominar las diferentes variables, al ser responsable de lo que suceda con su medio de transporte.

Pero otro elemento de análisis también importante, para quienes trazan oficialmente acciones preventivas de la accidentalidad en el país son las estadísticas policiales. Este recurso muestra horario, días y lugares de ocurrencia, el tipo de vehículo de mayor inseguridad, las causas principales de los sucesos y las repercusiones humanas inmediatas que ellos generan.

Un vistazo a dichos datos indica que, como resultado de los accidentes automovilísticos, las lesiones y mayormente las muertes, parecen ser menos probables en las ciudades y más posibles en las carreteras interurbanas.

Por ejemplo, durante el año 2015 en Managua se registró el 71.8% de los accidentes al nivel nacional (24,181), pero solo el 27% de las muertes (183). En cambio, fuera de esta área geográfica, se sucedieron apenas el 28.18% del total de accidentes (9,492), resultando de ello un impresionante 72.88% (492) de las defunciones totales, lo que demuestra una letalidad mayor en las carreteras.

La nutrida presencia policial en las calles de la capital es plausible, sobre todo en las denominadas “horas pico”. Pero, fuera de Managua, los planes preventivos son menores, o poco visibles a lo largo de los meses. Esto parece un contrasentido, ya que en el ambiente de las carreteras las colisiones  y “volcones” se vuelven verdaderos desastres, incluyendo múltiples muertes, en un solo caso.

Las principales causas de los accidentes en las ciudades: no guardar la distancia, invadir carril, giros indebidos, alta velocidad y estado de ebriedad se mantienen también en las carreteras, pero en estas vías la peligrosidad aumenta y, como se dice popularmente, en ellas  “todo tiro es carne”.

Por lo anterior, habría que reforzar la educación vial y la prevención policial en conductores nacionales y extranjeros que habitualmente recorren las carreteras del país. Los planes de Semana Santa, o Plan Verano, deberían ser sostenidos, de manera que logren persuadir a conductores temerarios, para que maniobren sus medios conforme a las recomendaciones de tránsito.

Sin desatender las ciudades hay que priorizar los trayectos de mayor fatalidad. De esa manera se podría lograr actitudes más preventivas en este sector de la población, desacelerar la accidentalidad en las carreteras y, sobre todo, aminorar sus consecuencias altamente funestas.

* El autor es sociólogo y exfuncionario civil de la Dirección de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional de Nicaragua.