Esteban Solís R.
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Vladimir Putin es el plato fuerte de la prensa mundial o mejor dicho de las grandes empresas de la industria periodística en Europa y los EE. UU. tratando de satanizar día a día su figura, ridiculizar sus actuaciones o actividades personales y culparlo de todos los males del hemisferio y hasta de ser el responsable de la derrota de la candidata a la presidencia estadounidense, Hillary Clinton. Ahora se entretienen divulgando casi en forma orquestada, que asesores de la campaña presidencial del mandatario Donald Trump se reunieron infinidad de veces con miembros del servicio de inteligencia de la Federación de Rusia, situación que ha negado el propio presidente Trump y autoridades rusas al más alto nivel. "Esta conexión rusa sinsentido es meramente un intento de encubrir los muchos errores cometidos por la campaña perdedora de Hillary Clinton" dijo con mucha firmeza el presidente. Por su lado, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov atribuía ese tipo de señalamientos periodísticos a "información gacetera que no se basa en ningún tipo de hechos".

La saña con la que atacan al dirigente ruso tiene a mi juicio una explicación, de otras tantas, en lo que Putin dijo ante el parlamento ruso (La Duma) en 1999, cuando ese cuerpo legislativo se reunió para aprobar su candidatura de primer ministro, declaraciones a las que casi nadie prestó atención, pues era el sexto candidato al cargo en apenas 16 meses en la presidencia de Boris Yeltsin. Quizá por eso también un legislador confundió su nombre con su antecesor. En su discurso de confirmación en el puesto Putin manifestó: "Rusia ha sido una gran potencia durante siglos y aún lo sigue siendo. Siempre ha tenido y tendrá zonas de interés legítimo. No deberíamos bajar la guardia en este aspecto ni permitir que nuestra opinión sea ignorada". En aquella fecha la infraestructura rusa estaba resquebrajada, los preciados bienes de esa nación estaban en pocas manos, los salarios de los servidores públicos se pagaban con meses de atraso, el poderoso ejército ruso había salido mal parado en Chechenia y para colmo, aliados en el Pacto de Varsovia se habían mudado a la OTAN.  Dieciocho años después Putin ha restaurado el prestigio y el poderío ruso, ha puesto a Rusia en la cumbre de las decisiones de la geopolítica mundial, gracias a esa situación, el mundo dejó de ser unipolar con el surgimiento de otra gran potencia, China, que le han dado un nuevo equilibrio al planeta.

A tono con esa campaña de responsabilizarle de todos los males de occidente, el presidente de Francia, François Hollande, quizá, según los sondeos, el jefe de Estado más impopular de la V República con alrededor del 85% de rechazo a su gestión, advierte a Rusia de que no se involucre en las elecciones de abril próximo como supuestamente lo habría hecho durante la campaña en EE. UU. al hackear el sistema informático de la campaña de los demócratas en perjuicio de la señora Clinton. Los analistas y políticos de occidente siempre tratan de encontrar un fondo falso en las declaraciones del líder ruso y frecuentemente no lo encuentran, dijo el jefe de la oficina en Londres de la emisora La Voz de Rusia. Ya se ha anunciado una reunión en una fecha hasta hoy no definida entre Trump y Putin. Lo que ha quedado bien claro es que el tema de Crimea no es objeto de discusión en ese encuentro. Crimea es una parte de Rusia, otra interpretación para nosotros es inaceptable, enfatizó en su momento la directora del Departamento de Información y Prensa del Ministerio de Relaciones de Rusia María Zajarova.

Estas palabras del presidente de China Continental, Xi Jinping, en julio pasado durante el 95 aniversario del PCCh, define con precisión en dónde estamos plantados:  "El Mundo está punto de un cambio radical. Vemos a la Unión Europea así como a EE. UU., colapsar gradualmente, todo termina para dar paso a un nuevo orden mundial. Nunca  será como antes, y en 10 años tendremos un nuevo orden mundial en el que la clave será la unión entre China y Rusia.

estesor59@yahoo.com