Ezequiel D’león Masís*
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Desde el punto de vista de los derechos humanos, toda persona tiene la capacidad de goce y ejercicio para practicar, en favor de sus intereses, una actividad física que redunde en la mejora de su salud mental y corporal, también a que existan espacios públicos para ello. La Unesco reconoce en la “Carta internacional revisada de la educación física, la actividad física y el deporte” (2015) un cuerpo activo tiene un impacto real en la salud mental y la autoestima, sino que ve a la acción física como una fuente de “prevención de la miseria, la toxicomanía, la delincuencia y el aislamiento”.

Supongo que si en los colegios se nos advirtiera a los y las estudiantes que la educación física y el deporte son unas de las materias más relevantes de todas para la calidad de vida, se estaría previniendo muchas enfermedades físicas y trastornos mentales en la vida adulta.

La Organización Mundial de la Salud asegura que el suicidio es la tercera principal causa de muerte a nivel global, principalmente en personas entre los 15 y 45 años. En Nicaragua, según datos del Ministerio de Salud, cada día hay al menos un suicidio registrado.

Lo ideal sería que el sistema educativo aporte al ser humano el hábito consciente de incorporar alguna actividad física, que se adecúe a su naturaleza particular y sus necesidades, esto para conocer su propio cuerpo, habitarlo, respetar sus límites.

La vida es acción y movimiento. Las disciplinas corporales, además de ser herramientas para disminuir el estrés, aplacar los trastornos de ansiedad o la misma pandemia de la depresión, son necesarias para recuperar nuestra verdadera naturaleza humana. A como insiste el Dr. Eduardo H. Grecco: “La actividad física promueve una sensación de estar vivos y activos, en el ejercicio se detiene el disco rayado de la mente y quien la practica vive totalmente en el presente”. 

Arnhild Lauveng, en su libro “El país de los bosques de hierro” da un impactante testimonio de sanación mental y afirma que lo que más le fue útil para remitir exitosamente la esquizofrenia fue, de hecho, la determinación de no creer en diagnósticos crónicos y el compromiso con el ejercicio físico diario, más allá de las ganas.

Celebro con entusiasmo notar que hoy en día en Nicaragua cada vez somos más las personas que -en casa o al aire libre- practicamos ciclismo, corremos, nadamos, caminamos, bailamos, practicamos yoga, deportes, etc. Hay, al parecer, más consciencia de que la salud no es un premio divino sino el resultado de nuestros hábitos para cultivarla y romper la toxicidad de la vida sedentaria. 

*El autor es abogado y artista multidisciplinario  ezequielmasis@gmail.com