Carlos Andrés Pastrán Morales
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El aire se vuelve cada vez más denso, la oscuridad se apodera de mí. Mis ojos se tornan negros y puedo ver rayos UV. Las cosas alrededor se complican con el pasar del tiempo. Ya la música no tiene sentido, los acordes son simples rasgueos desafinados y las voces ecos perdidos en el tiempo. La pereza se va poco a poco, tratando de ser productivo, pero productivo en un mundo donde todo se vuelve más innecesario. 

Las personas ahora solo son sombras, sin rostros, ni mente, ni cuerpos. Me siento de vez en cuando en el porche de mi casa a ver la urbanidad, gases emitidos, pensamientos volando, sombras caminando, perros andando y al final nada tiene sentido.

Las nubes cubren la ciudad, mientras los rayos del sol ardiente penetran en los ojos de todos. Dejando ciegos a todos de lo de enfrente, añadiendo sextos sentidos para importarse por cosas que nada que ver.

Muchos se comen las uñas, mueven las piernas, hablan mucho o poco. Yo, solo me siento y observo, de las diferencias y formas de ser, un pensamiento egocéntrico siempre perdura en cada uno de nosotros creyendo ser superiores a los demás por pensar de distinta forma.

Los exámenes nos hacen llorar o nos pueden alegrar el día. Los profesores se ahogan de tanta decepción y placer al saber que todos salen mal. El pensamiento egocéntrico perdura, pero todos sabemos cosas distintas, cosas mejores o peores que los demás, pero nuestras.

Muchos andan apresurados, asustados. Yo estoy tranquilo viendo como todo cae mientras me preparo psicológicamente para el final de todo, el final sin sentido, el final mío, pues me transformo.

Las personas caen, sufren, lloran, pero no saben aprovechar ese llanto. Yo sí, sufro, me caigo, lloro y me transformo en un pensamiento estático y superior. Una personas con más autoestima y más confianza en mí ser, creyendo que todos debemos esforzarnos en superarnos, porque todos podemos enfrentar a las dificultades y sobre ponernos a los sinsabores, porque como dicen por ahí, la vida sigue y el mundo no se detiene. 

Muchos caen en precipicios llenos de sus propias decepciones, mientras coyotes que comen sus nuevos y mejores pensamientos, resurgiendo como el fénix, mueren y viven así por siempre.

Puede que solo sean palabras vacías que no todos tomarán sentido, pero no hay razón para que algo tenga sentido.

Cuando el último árbol se caiga, el último oxígeno se respire, cuando la última persona muera, todo perderá sentido, ¿o acaso no lo ha perdido ya? ¿O nunca ha existido?