Augusto Zamora R.*
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El gobernador de Arkansas, EE. UU. ha ordenado la ejecución de ocho condenados a muerte, porque las inyecciones letales usadas para tal fin están a punto de caducar.

Parece chiste macabro y no lo es. Cada vez hay más fabricantes de sustancias químicas letales que prohíben venderlas para usarlas en ejecuciones. Si caducan, no hay más.

En Arkansas han decidido hacer de la fecha de caducidad de un producto químico fecha de caducidad de ocho humanos, como si de salchichas o mantequillas se tratara.

Nacemos todos con fecha límite, pero dejando a la naturaleza o al azar que esa fecha se cumpla. Matar a seres humanos para no desaprovechar un químico es otra cosa.

Recuerda que la pena de muerte nos hace peores. De justicia es castigar al delincuente, pero no matar a otros, aunque solo sea porque, andando el tiempo, nuevas técnicas, testigos o azares puedan determinar su inocencia.

Ordenar muertes en serie por caducidades químicas nos retrotrae a épocas sangrientas, cuando las ejecuciones, además de comunes, eran parte de un ignaro y feroz circo social.

Cuatro de los condenados son blancos, cuatro, negros. Pero los negros son el 12% de la población de EE. UU., por 58% los blancos. La aparente igualdad refleja la desigualdad.

Críticos de la pena de muerte afirman que la decisión de Arkansas “es inhumana”. Otro error. Nada hay más humano que matar por matar. Solo los humanos actuamos así. Erró la naturaleza con nosotros.

az.sinveniracuento@gmail.com