Félix Navarrete
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

A veces me pregunto ¿qué hubiera sido de nosotros los hombres si no existieran las mujeres?. Probablemente nos hubiéramos suicidado en serie o muerto de depresión al darnos cuenta que  estaríamos solos en el mundo, sin una compañera que nos hiciera soportable la vida, y que le diera sentido a nuestra existencia.

Imagino que Dios, precavido y profeta hasta en los asuntos más domésticos, olfateó que los hombres por sí solos no estábamos preparados para vivir mucho tiempo, y que nuestra fortaleza no radicaba en la mente sino en el cuerpo, entonces nos durmió para crearnos  una compañera idónea que nos hiciera fuertes y felices. 

Y esa mujer, creada a imagen y semejanza del hombre, fue una criatura  tan  sensual y tierna, pero tan diferente a nosotros, que  al  conocerla nuestros ojos quedaron prendados de ella, comenzando de esta manera una historia de amor y conflictos  que con sus crueldades e imperfecciones no termina. 

He llegado a sospechar que Dios creó a la mujer no solo para salvar al hombre del aburrimiento y la infelicidad, sino que la creó  para salvar su propio proyecto de vida. Pienso que sin la madurez femenina la creación humana fuera una simple leyenda hollywoodense. 

Pese a las discriminaciones y la férrea cultura machista que ha dominado por siglos,  han sido manos de mujeres, las que han sostenido el mundo y lo han pintado con   colores del amor y esperanza. Ellas han  sido guardianes preservando  el planeta con su reproducción y en tiempos difíciles  han sostenido a sus  familias con el amor y el instinto que las hace invencibles. 

Cada día, en cualquier parte del planeta, millones de mujeres reproducen la especie humana  haciéndose inmortales, convirtiéndose en líderes de sus familias y sus países, en protectoras de la raza humana.

Y es que el machismo está tan institucionalizado en nuestra cultura, que los hombres  hemos robado a las mujeres su crédito y protagonismo  en la historia.  Hemos contado la historia a nuestra manera, relegando a la mujer a un papel secundario, cuando en realidad han demostrado ser protagonistas de la historia política y cultural de nuestros países.

Observemos algunos casos de la historia. Hombres famosos y mujeres famosas. Por ejemplo, ¿cuánto pudo haber influido Josefina en las decisiones de Napoleón?, O   María Kodama en Jorge Luis Borges, el famoso escritor argentino?,  o Pilar en la vida y obra de José Saramago? ¿O María de Nazaret en  su hijo Jesús para que cumpliera con éxito su misión?  O  Francisca Sánchez  en Rubén Darío?  O para poner un ejemplo  nicaragüense, la compañera poeta Rosario Murillo, vicepresidenta de la República, en el presidente Daniel Ortega?   

Cada hombre tiene su otra mitad que lo complementa. Ninguna es más que la otra. No  quiero caer en aquella frasecita trillada que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, porque además de machista es estúpida y no refleja la realidad.  Más bien me gustaría creer que ambos, tanto hombre y mujer, en igualdad de condiciones, nacimos para complementarnos y construir juntos un mundo mejor. 

Sin embargo, los hombres tenemos una deuda impagable con las mujeres. Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es un excelente momento para hacer un examen de conciencia. No se trata de celebrar este día, repitiendo el rito de ir a cenar o comprarle un regalo.  Se trata de pensar y preguntarse en voz alta: ¿Las tratamos con igualdad  en todos los terrenos?  ¿Les respetamos sus espacios políticos y sociales, incluso, personales? ¿Las admiramos como profesionales y reconocemos sus éxitos?  ¿Somos fieles y leales con ellas? ¿O simplemente jugamos a un machismo light, enmascarado, aparente, en el que hipócritamente les prometemos respeto y amor, cuando en realidad con nuestros actos  cotidianos  las maltratamos sicológicamente?

Responda estas preguntas con sinceridad y me dice si las mujeres no tienen la razón en casi  todo y son mucho más inteligentes e  intuitivas que nosotros?.  Por eso digo que a las mujeres no hay que entenderlas. Hay que amarlas,  reinventarlas, respetarlas,  dejarse llevar por sus encantos,  para poder entrar en sus corazones para siempre y formar con ellas una sola carne.

Managua, 6 de marzo de 2017.
Email: felixnavarrete_23@yahoo.com