Jorge Isaac Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
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Cuando entraron en funcionamiento la flota de buses nuevos de origen ruso en Managua, sustituyendo la flota que circulaba en la ciudad, se notó el esfuerzo de parte del Estado y municipalidad en la gestión por mejorar el sistema de transporte. Un primer paso sólido en esa línea, faltando el darle continuidad para su consolidación en el tiempo (un primer paso no es garantía de que este se ha mejorado, es solo marcar el inicio). Pasando los primeros días de su uso, se observaron que jóvenes colegiales al salir de clases se montaban hasta tres encima de las sillas en sus juegos de adolescentes en los respaldares, procediendo a quebrarlas gradualmente. Nadie les detuvo ni indicó nada. Nadie les enseñó o corrigió en no hacerlo, de la necesidad de cuidar esas unidades que ellos mismos seguirían ocupando.

Al poco tiempo faltaban sillas, porque una parte ya estaban destruidas. Luego  se han construido las paradas de buses en Managua con bahía y casetas de espera para los pasajeros que ha representado otro esfuerzo en ir mejorando el sistema de transporte, pese al cuestionamiento de arquitectos sobre el diseño de estas, que es un asunto a tocar en otro momento y artículo. Pero en la idea y presunción que es para los pasajeros y que todos lo sabían y entendían, se descuidó y no se dio ninguna campaña de señalamiento sostenida sobre su objetivo y uso, lo que debió explicarse y aplicarse; acompañarse de instrumentos de coacción públicas en caso de no acatarse. A la fecha, los resultados han sido que una parte importante están siendo ocupadas por comerciantes y las bahías las están ocupando los taxistas, teniendo que bajarse a la calle los pasajeros porque los espacios están ocupados, para abordar los buses porque están los comerciantes y en el borde los taxistas. De esa manera, al final del día no se sabe si las casetas fueron construidas para el comercio y las bahías para los taxis. Y es que la administración pública, se dice en el libro de “Contrataciones Administrativas” en el ejercicio de sus funciones “como cualquier particular necesita adquirir bienes y servicios, para el correcto ejercicio de sus competencias que las diversas normas jurídicas les asignan a los órganos administrativos”, algo que debe realizarse por “un procedimiento de licitación previo… que ofrezca las mejores condiciones, precio, calidad y tiempo de ejecución a la hora de llevar a cabo la construcción de una obra” y en estas se requiere “una actividad de gestión pública, por parte de los funcionarios que integran la Administración del Estado”. Y para realizarla la obra al final de las licitaciones; al ganador se le hace un contrato. Ahí el  punto de “Educación” en los Pliegos de Bases y Contratos del Estado y que no está. Se ha creído que solo debe estar presente para el Ministerio de Educación. Cuando decimos un ítem, nos referimos y se está comprendiendo como ese detalle o asunto que está ausente. Y dentro del contexto de la frase se entendería como lo olvidado o faltante en una cantidad de obras públicas una vez que se han construido. Un punto que debe tenerse presente para el futuro. Esto no corresponde a mala fe, su actual ausencia, sino a la vida misma que nos enseña y muestra que tal olvido o presunción de que se están sabiendo las cosas por parte de la población usuaria, en realidad no es así, no corresponde a la verdad, y se ha transformado en ausencia sensible por sus consecuencias en los usos incorrectos; destrucción de obras por parte de los mismos usuarios es el tema de uso y cuido de las obras ejecutadas. Cada una de las obras ejecutadas con financiamiento del presupuesto público (financiado con pago de impuesto) o por donaciones.  En la técnica jurídica se diría y aplicaría al redactar las cláusula y dentro de ellas los incisos, que en los detalles les dicen Item. Donde el punto de “educación a la población” no está. Y esto cabría aplicarlo, por necesidad, en las Contrataciones del Estado (Ley 737 y su Reforma) y las Municipalidades (Ley 622). Si se hace recorrido por diversas obras ejecutadas, encontramos deficiencia en las indicaciones de las señalizaciones de las vías, que son las que indican los giros, educan, a  los conductores. El caso del parque Luis Alfonso Velásquez podría ser un ejemplo a seguir en tanto dan las señalizaciones dentro del parque; establecen los guardas de seguridad dentro de las instalaciones; y otros guardas que se encargan de señalamiento a los usuarios para que no sean dañadas y puedan durar. Educación, en las obras públicas, es nuestro lastimoso ítem faltante.