Ana Victoria Borge Medina
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Con esto de los avances científicos alrededor de la cirugía cosmética, el ser mujer se vuelve cada vez más una cuestión de sentido común y racionalidad, que un asunto de género.

Mujeres convertidas en hombres. Hombres convertidos legalmente y con ayuda de la medicina estética en mujeres con nombre nuevo, tetas nuevas, vagina artificial y un delicado clítoris (antes pene) resultado de las maravillas evolutivas del bisturí. El resto sigue allí, lo de dentro no se extrae, ni cambia, ni sustituye.

Que usted, doña “femme fatale” me explique: ¿Cómo vamos a seleccionarnos naturalmente de aquí en adelante? Si ustedes han pasado por encima de los huesos de Sir, Charles Darwin y su novedosa teoría. Un “hombre” es “Madre” por vez primera. En realidad fue gracias a contar con los milagros transformadores de las hormonas masculinas.

Ya no se puede elogiar la simple y hermosa condición natural de ser mujer: campesina, trabajadora, profesional, maestra, etc. Ya no se puede celebrar el Día de la Mujer sin dejar de plantearnos sin hipocresías si excluimos o incluimos a las nuevas mujeres en la fiesta. Si celebramos con la teoría divina (de diva) la gracia de haber nacido con un par de tetas; grandes o pequeñas para amamantar la vida. Celebrar la bendición (de bendita) de haber venido a este mundo con semejante aparato dador de vida y placer hasta el infinito: insustituible para cualquier requerimiento vital, ante tanta frivolidad artificial de este capitalismo- socialista salvaje y desnaturalizado.

¿Dónde dejamos a las ex – mujeres? y ¿cuándo empezamos la batalla con los nuevos hombres?, si siguen contando con los mismos dones heredados por la “mama mayor”. ¿Cómo es hoy en día la idea simple de ser mujer? Explíquenme ustedes señoras feministas y mujeres femeninas ¿qué hacer ante este dilema? Celebramos con ellas o celebramos solas
¿A ustedes les gustaría colocarse al otro lado? No se puede vivir la vida sin permitir la evolución. No se puede defender a las mujeres y seleccionar a ciertas señoras como granos de café de tercera.

Resulta cruel al espectador ver sus caras cada día con esa expresión dura transpirando odio de por vida. ¿Con qué cara se otorga usted el derecho de llamarse pacifista y feminista y a escondidas destroza la vida de otra mujer? .

Inmersas en este mundo de trastornos sociales y efectos secundarios del deterioro de la capa de ozono, la piel se les está volviendo seca a ustedes doñas “fulanas de tal”. Ya ni el protector solar con 100 SPF les protege de las lluvias ácidas y el efecto invernadero. Me las quedo mirando y babeo, ¡por Dios! Intento penetrar en sus rostros masculinizados defendiendo al género, mientras atacan sin piedad la osadía de otra mujer empoderada.

¿Cómo es su proclama doñas mamas? Me la paso esperando el día dichoso que me llamen a integrarnos, sin distingo de colores ni estereotipos feministas. Ustedes han dejado de luchar contra un sistema y hace siglos que son parte indisoluble del mismo. Ustedes no luchan por las mujeres. Ustedes ahora luchan contra la “Mujer” (por favor miren mi dedo).

Por paradojas del tiempo y de la historia, las mujeres del mundo han realizado en silencio su revolución solitaria. Votan porque es racional que todos voten. Estudian porque todo el mundo debe estudiar. Son jefas porque se han ganado solas ese puesto, de cualquier forma, están allí.

Tengan ustedes claro que “arroba” no es ninguna heroína en fin de siglo. Ni ha sido el jeans nuestro estandarte. Me convencen día a día que las tragedias modernas se originan tras la estrategia inescrupulosa de una doña disfrazada del macho más bastardo que haya parido la historia.

Una de esas militantes convencidas de que el camino a la paz de los polvos tranquilos y solitarios con coitos sin interrupción, es la guerra silenciosa, declarada tras la ruina de una familia integrada, anda suelta por allí y se ríe a carcajadas de todas ustedes.

¿Cuántos miles de palabras se inventan justificando la poca vergüenza tras el descaro?. De más está el derrochar escritos pseudopacifistas cuando el alma es vacía de respeto y apego a la dignidad. ¿Cómo se atreven a invocar a Ghandi pisoteando al amor tras rituales paganos a nuestros dioses y cantos al señor del sexo, en las mismitas narices de una ciudad sagrada? ¿Conocen a Netzahualcoyotl? ¡Qué va!
Me siento (acción de sentarse) hoy, atreviéndome a escribirles esta no tan corta misiva, para denunciar inmisericordemente el haber sido víctima silenciosa del más grande de los fraudes de la historia: No existe en todo este pervertido espacio social contemporáneo, un movimiento que nos integre, que nos defienda sin máscaras ni disfraces, y sobre todo, que nos libre de esos asesinos en serie que regresaron del pasado disfrazados de mujeres.