Jorge Eduardo Arellano
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Nadie puede negar, creo yo, la honestidad personal e intelectual de Onofre Guevara; pero eso no lo vuelve infalible. Hasta aquí, ambos estaríamos plenamente de acuerdo; el problema vendría a continuación. Generoso y con poses de perdonavidas, en un reciente artículo titulado Preguntas cuyas respuestas están en los hechos, él reconoce al actual gobierno – por breves segundos, pues al final hace lo contrario – la vocación social de algunos proyectos, la cual niega en los neoliberales que lo precedieron, dirigidos por aquellos con quienes han hecho causa común contra el FSLN y a quienes hasta en muchos casos han llegado a apoyar como candidatos ciertos ex altos funcionarios del gobierno sandinista de los años ochenta cuyas actuales ideas expresa de forma magistral nuestro respetable Onofre, quien para ello se hace varias preguntas con las que cuestiona la esencia revolucionaria de los cambios que se están dando en Nicaragua, y las cuales él considera ya están respondidas en la práctica.

Antes de comenzar con sus preguntas, él alega que este gobierno es demagógico porque no ha logrado satisfacer (en dos años) las necesidades de la mayoría de los trabajadores ni de los desempleados. Creo que el camarada Onofre – a quien este apelativo (proveniente de este otro comunista como espero que se siga él también considerando) seguramente no le molestará – conoce muy bien la historia de la Revolución Bolchevique, y no sé si se preguntará también por qué a dos años de haber tomado el poder los revolucionarios rusos tampoco ellos habían logrado satisfacer las necesidades de la mayoría de los trabajadores ni de los desempleados. O tal vez no haya que ir tan lejos y sea suficiente con observar cómo en sus dos primeros años, ni la Revolución Cubana ni la nuestra – ambas elogiadas por Onofre, por algunos de los sandinistas que piensan como él y por todos los sandinistas que no pensamos como él – tampoco habían satisfecho las necesidades de la mayoría de los trabajadores ni de los desempleados. Y si quisiéramos ir otra vez bien lejos de aquí, podríamos recordar qué pobre satisfacción había dado a las necesidades de la mayoría de los trabajadores y de los desempleados la Revolución China a dos años de haber triunfado, y que hoy ha hecho del gran país asiático una potencia económica con justicia social, así como la Revolución Cubana ha logrado hacer de Cuba el único país del llamado Tercer Mundo con estándares sociales de vida similares a los de los países del Primer Mundo, pero con mayor equidad que en éstos; y la Revolución Bolchevique con el poder de los soviets de diputados obreros, campesinos y soldados (consejos del poder ciudadano, si lo traducimos a nuestros actuales términos en español) y bajo la conducción del partido dirigido por Lenin y Stalin logró hacer de la atrasada Rusia de comienzos del siglo XX y demás países que integraron la Unión Soviética, en poco más de treinta años, la segunda potencia industrial del mundo, avanzando económicamente en ese lapso de tiempo casi lo mismo que a Estados Unidos e Inglaterra les había llevado más de doscientos años, y teniendo que soportar en esas tres décadas la Unión Soviética dos guerras devastadoras en su territorio, con veinte millones de muertos la segunda y con el 80% de sus ciudades destruidas, cosa que no ocurrió ni de lejos en las potencias capitalistas mencionadas.

Volviendo a lo nuestro, en 1981 --a dos años de estar el FSLN en el poder luego del triunfo de la Revolución Sandinista (de la que el camarada Onofre era propagandista a tiempo completo)-- ni siquiera la reforma agraria se había podido hacer en Nicaragua; solamente se había hecho la Cruzada Nacional de Alfabetización, se había garantizado la salud y la educación gratuitas --todo esto ya se hizo en el actual gobierno también, aunque con nuevas dificultades que no vienen al caso--, y se había confiscado a Somoza y sus allegados una cantidad de bienes que no rebasaban el 20% del total de los medios de producción en Nicaragua, una riqueza inmensa como patrimonio personal de sus antiguos dueños, pero bastante modesta para lo que debe ser una economía puesta al servicio del pueblo por una revolución social.

Las trece preguntas del camarada Onofre se pueden resumir en cinco acusaciones que él hace al FSLN y al actual gobierno: la piñata, la corrupción, la falta de tolerancia vinculada al irrespeto de las libertades públicas, el fraude electoral y el caudillismo. Aunque él le haga preguntas a las respuestas – pues dice que éstas ya existían de antemano –, yo prefiero responder a sus preguntas, porque es más sencillo.

En sus acusaciones al FSLN, Onofre se refiere a lo que él llama el abuso que la mayoría de su cúpula perpetró en los bienes públicos hasta convertirse en gran capitalista, refiriéndose –obviamente– a la cúpula sandinista de los años ochenta y olvidando que la mayor parte de ella hoy está fuera del FSLN por voluntad propia, compartiendo las opiniones de nuestro ilustre camarada desde las filas del MRS y desde el grupo de los que pretenden rescatar al sandinismo que consideran raptado por la gran mayoría de los sandinistas, por absurdo que parezca. La corrupción de la que habla Onofre no pasa de los titulares fabricados por el gran empresariado mediático y las mentes enajenadas de los que se dejan hipnotizar por sus trucos ya gastados, pero que todavía funcionan ante un amplio sector de la población, a pesar de lo cual se acusa al gobierno de no permitir la libertad de expresión; pero la mayor parte de veces la oligarquía no se expresa directamente, sino a través de voceros que al no pertenecer a su clase social se convierten en hijos adoptivos venidos a menos o lo que se conoce como los hijos de casa, en ocasiones sin tener conciencia de tan desdichada condición espiritual, como es el lamentable caso del camarada Onofre, quien también se hace eco de los berrinches del niño mimado de la clase política tradicional, don Eduardo Montealegre, pretendiendo éste con su lloriqueo de mal perdedor sobrevivir a su propio entierro político. Y si de caudillismo hablamos, pues uno de los dos caudillos del país fue el primero que apareció junto a la principal de las supuestas víctimas del supuesto fraude que irrita tanto a Onofre, rasgándose las vestiduras igualito que nuestro estimado camarada. En cuanto al otro, es en todo caso un raro caudillo aquel entre cuyos objetivos está que el poder sea ejercido directamente por los ciudadanos, a lo cual paradójicamente se oponen quienes lo acusan de ser un caudillo, entre ellos el camarada Onofre.

Pero yo también tengo mis preguntas para estimular el debate que tanto les gusta a los que en realidad no soportan que alguien los contradiga. Y si no responden porque le dan poca importancia a lo que deba decir este vil profano, al menos lo podrían hacer – porque tal vez sería saludable para su paz interior – en la intimidad de sus conciencias, en el caso del articulista de marras como viejo roble que es de las ideas más avanzadas del mundo, pero sin que se sepa debajo de qué pesados manuales de la Editorial Progreso y el Instituto de Marxismo Leninismo adjunto al CC del PCUS quedaron aplastadas.

¿Tienen alguna autoridad moral para denunciar pacto o fraude alguno quienes pactaron con la derecha a mediados de los noventa a espaldas de su partido y del pueblo, inventando la segunda vuelta electoral para impedir que el partido al que estaban traicionando ganara las elecciones; quienes entonces y como parte de ese mismo pacto se repartieron con la derecha las magistraturas en el Consejo Supremo Electoral para al poco tiempo perpetrar – ese sí – el fraude más descarado en la historia de Nicaragua, en 1996? ¿Tienen derecho a denunciar pacto alguno entre las dos principales fuerzas políticas del país quienes con las reformas que promovieron como parte de su propio pacto a mediados de los noventa, establecieron el voto calificado como requisito para la elección de magistrados; votos que ahora solamente los tienen precisamente esas dos fuerzas sin cuyo consenso sería imposible elegir a nadie? ¿Cuál de estas dos cosas es condenable por inmoral en un partido que se dice revolucionario: ponerse de acuerdo con el adversario corrupto de la derecha para hacer leyes que beneficien al pueblo aprovechando una correlación de fuerzas ventajosa y para estar ambas fuerzas dialogantes mejor apertrechadas en la batalla que libran entre sí, o ponerse de acuerdo con esa misma derecha corrupta y con la oligarquía aún más corrupta para marchar juntos levantando banderas comunes y luego apoyar a los candidatos de toda la derecha unificada, incluyendo esa con la que se acusa a otros de pactar? ¿Es de revolucionarios hacer coro con la jerarquía de la iglesia católica y con la embajada yanqui? Como mi mente no me da para hacer lo del camarada Onofre, que da por respondidas sus preguntas antes de ser éstas formuladas, y habiendo respondido yo las suyas, espero que alguien – ojalá él mismo, me sentiría honrado – responda las mías; pero si nadie lo hace, tranquilos, no me sentiré frustrado, porque el silencio es precisamente a veces la más esclarecedora respuesta.