Orlando López-Selva
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El informe del secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha sido contundente con respecto a la situación en Venezuela. Una sola frase sintetiza todo el drama de ese país hermano: “Es un país hundido en la represión”.

¿Cómo esperan que un país prospere, avance y sea modelo para otros, si los que lo mal dirigen desde hace 15 años, no han sabido solucionar ninguna crisis, sino, han sido intolerantes, injustos, y avasalladores contra los que no piensan como ellos?

La actitud correcta debería ser que las autoridades corrijan el rumbo. Pero no… arremeten contra el que les hace señalamientos y lo tildan de enemigo. ¡Actitud reprochable e inmadura!

¿Acaso no leen la historia, y aprenden que los que mal conducen los destinos de un país, mal acaban? ¿Se han preguntado sus dirigentes: ¿qué hemos hecho mal? ¿Por qué todos progresan y nosotros no, si seguimos aferrados al mismo esquema autoritario, sin que haya reflexión, autocrítica y enmiendas?

Pero siempre habrá repetidores de frases consabidas de los ideólogos del socialismo: “Almagro es un agente del imperialismo yanqui”; “quieren destruir la revolución porque es el único sistema que les da a los pobres”; “la burguesía recalcitrante quiere retomar el poder”.

La verdad es una. El renombrado diplomático y jurista uruguayo de izquierda está señalando los errores en Venezuela. También, el informe de Cepal del 2015 afirmó: “Venezuela es el único país que no prospera económicamente en Latinoamérica”.

¿Y quiénes hacen estos informes… agentes del imperialismo que quieren destruir la revolución venezolana?

Tres simples preguntas darán con la respuesta sensata de todo el drama venezolano:

1) Si para gobernar bien un país, se necesita gente preparada y capaz, ¿qué nivel de preparación académica tienen los dirigentes actuales de la revolución venezolana?; 2) Si los que dirigen el país han estado en el poder, desde hace más de 15 años, de manera omnímoda, ninguneando a la oposición, ¿quiénes son los únicos causantes del estado ruinoso actual de todas las cosas, sabiendo que recibieron no un país, pobre o endeudado, sino un país riquísimo en petróleo, como ninguno en América Latina?; 3) El modelo adoptado por la revolución bolivariana fue fecundado y nutrido por la matriz marxista-leninista (¡comprobadamente fracasado modelo socialista!) que los europeos del Este —dirigidos por Moscú— no pudieron hacer exitoso; entonces, ¿qué se puede esperar de quienes se sienten orgullosos de quienes copian un modelo fallido e ignoran de economía, administración, derecho, etc.; además, practican la intolerancia, la represión y la injusticia contra la otra mitad de los venezolanos (¡los ninguneados y sin ninguna influencia en las grandes decisiones políticas!) que no aceptan ese modelo que solo hambre, escasez, pobreza, atraso e injusticias ha causado?

Estoy seguro que cualquier analista político del partido comunista chino aseveraría que lo que en Venezuela se debe hacer es no repetir el modelo fallido de la Unión Soviética, que durante casi medio siglo implantó, sin tener éxito alguno, nunca.

Y si es cierto que China no es el modelo perfecto, al menos hoy tiene variaciones: está revisado; es un sistema híbrido: político-represivo y liberal-económico, que ajustó, a partir de 1978, Deng Xiao-pin, corrigiendo errores; desentendiéndose de la pura teoría marxista-leninista, y aceptando que las reformas de mercado, permiten un desarrollo más digno, aunque (¡para vergüenza de ellos!) toda solución salga del sistema que por tantos años atacaron. Los chinos, al menos intentaron algo práctico y eficaz, que Occidente les enseñó.

El punto es que Venezuela solo se enreda más. Y cometen el error de hacerles creer a los tontos que presentan un alternativa. No. Justifican una dictadura con otro nombre. Los revolucionarios venezolanos nunca aprendieron las simples reglas básicas del buen juicio político: moderarse, hacer alianzas entre clases sociales, permitir disentir, aceptar a la prensa independiente, no reprimir, y tratar de manejar una economía sana, sin odiar a muerte al que soluciona. Paradoja: querer repartir riquezas ahogando a los que la producen. Resultado: fácilmente caen en la pobreza. ¡Dejà-vú!

Venezuela no debe derrumbarse. Si el paraíso, al que deberían estar aspirando los excluidos de América Latina, no funciona en absoluto, ¿en qué más se debe fracasar para darse cuenta de la ineptitud de los remedios revolucionarios?

Las simples crisis por la escasez de pan, gasolina, abarrotes, demuestran que ha faltado reflexión, sensatez, madurez y buena administración. Vergonzosamente, las recetas del progreso solo provienen del sistema que quieren destruir.

¿Además, se puede construir una nación sanamente, si sus dirigentes solo demuestran interés en mantener el poder absoluto?