Roman Leupolz-Rist
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Creo que, en los últimos días, todos hemos visto las impactantes imágenes de la fuerza devastadora de tormentas e inundaciones que afectaron la zona costera del Perú. Esta catástrofe hasta el momento ha cobrado la vida de aproximadamente 80 personas, dejando más de 250 heridas y más de 100.000 personas sin sus hogares. Para mí, que he estado repetidas veces en este hermoso país del sur y tengo muchos amigos ahí, fue muy surreal ver las masas de agua y lodo correr por las calles de poblados que normalmente son extremadamente secos.

¿Pero a qué se debe este suceso? Según el Servicio Meteorológico Alemán (DWD) las tormentas están asociadas al fenómeno climático de El Niño Costero, el cual, como su nombre lo indica, se concentra únicamente en la costa. El agua de mar en la costa peruana está alrededor de cinco grados más caliente de lo habitual para esta época del año; y debido a la mayor evaporación del agua, se producen fuertes lluvias en los Andes. Los ríos crecientes por su lado producen deslaves. Si ponemos en contexto el caso actual de Perú, no puedo evitar preguntarme si esto es parte del cambio en el sistema climático global. Mojib Latif, quien es profesor de oceanología y dinámicas climáticas en el reconocido centro de investigación oceánica Geomar, y que tuve la oportunidad de conocer su trabajo durante mis estudios en la ciudad de Kiel, Alemania; dice que los eventos de El Niño se han vuelto más frecuentes y también más fuertes en las últimas décadas. Según él, aún no podemos decir con exactitud, si esto ya es una tendencia o no, pero manifiesta que algunos modelos climáticos en realidad proyectan que esto es exactamente lo que va a suceder en respuesta al cambio climático.

En Nicaragua hemos sufrido por diferentes eventos extremos, incluyendo inundaciones, sequías y huracanes como el Mitch que ocasionó la muerte de más de 11,000 personas; resultando en pérdidas y daños que ascienden a millones de dólares en el sector agropecuario. Al igual que en el caso de Perú, existe la posibilidad de que estos eventos extremos aumenten de frecuencia o intensidad en el futuro de nuestro país. Un aumento de la temperatura promedio y la disminución de la precipitación, junto a los eventos extremos mencionados, pueden tener efectos devastadores para la economía nacional y Cepal estima que las pérdidas acumuladas al año 2100 representarían alrededor del 6 al 22 porciento del PIB del año 2007.

El presidente estadounidense, Donald Trump, esta semana decretó revocar el plan de protección del clima de su predecesor Barack Obama. Ante estas tendencias mundiales y por más que deseo que los esfuerzos internacionales por limitar las emisiones de gases de efecto invernadero tengan éxito, estoy convencido que en Nicaragua no podemos perder el tiempo: Es hora de prepararnos para lo que viene y adaptarnos a los cambios. Aunque Nicaragua ha sido muy activa en las negociaciones internacionales, el financiamiento de medidas de adaptación siempre es un factor limitante. Por ese motivo propongo que nos enfoquemos principalmente y siempre que se pueda, en medidas basadas en ecosistemas, considerando los saberes ancestrales e involucrando a las comunidades locales.

El sector ganadero, una de las grandes fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, según estudios recientes, actualmente está atrapado en un ciclo vicioso. En su proceso digestivo las vacas producen metano, el cual contribuye al calentamiento del planeta. El aumento de la temperatura por su parte conduce a plantas forrajeras que son más difíciles de digerir y permanecen en el estómago durante más tiempo. Por la difícil digestión se produce aún más metano, que a su vez impulsa el calentamiento.

Pero en mi opinión, el sector ganadero tiene gran potencial para convertirse en un elemento clave en la nomenclatura de adaptación de Nicaragua. Por un lado, el cambio climático representa una gran amenaza para el sector; pero, por otro lado, el cambio climático puede ser considerado como una oportunidad, que incentiva al sector ganadero a convertirse en un agente de cambio. Mediante la implementación de medidas de adaptación basadas en ecosistemas, el sector podrá preparase para los efectos adversos del cambio climático y al mismo tiempo generar importantes beneficios para el entorno de las fincas ganaderas. En Funides estamos desarrollando una investigación sobre esta temática. Al implementar medidas bajo un enfoque silvopastoril, las fincas ganaderas ayudan a su entorno a adaptarse al cambio climático y además generan importantes servicios ecosistémicos como la captura de carbono, la conservación de la biodiversidad y la potencialización del turismo. Este enfoque es importante también por su potencial en reducir emisiones de gases de efecto invernadero y para poder apalancar el financiamiento necesario para transitar hacia sistemas más productivos.