José Ernesto Benavides Sánchez
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El Santuario Nacional de Jesús del Rescate, ubicado en Popoyupa, en la ciudad de la Purísima Concepción de Rivas de Nicaragua, se empotra como un diamante de la hermosa corona perteneciente al precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina. Esta es la tienda del encuentro, el tabernáculo de la alianza del pueblo de Dios en nuestra tierra de Lagos y Volcanes.

No podemos proseguir reflexionando lo que implica un santuario, sin mencionar a los seres que le dan vida al mismo y estos son las peregrinas y los peregrinos. ¿Qué implica ser una peregrina o un peregrino? Desde mi humilde vivencia como caminante de esa trayectoria que nos lleva a un Jesús sufriente, me atrevo a afirmar que un peregrino es un creyente que celebra el gozo de sentirse sumergido en medio de tantas hermanas y hermanos, caminando juntos hacia Dios que les espera. Un peregrino es quien experimenta la presencia de Cristo mismo que también se hace peregrino y camina resucitado entre los pobres y necesitados. La persona que decidió partir hacia el santuario de Jesús del Rescate en cualquier tiempo del año, es una confesora de su fe, es una entonante  de un canto de esperanza, y experimenta en su llegada a la meta, un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El sentimiento del amor se detiene, y la peregrina o el peregrino contemplan el misterio, lo disfrutan en silencio. También se conmueven, derramando toda la carga de su dolor y de sus sueños. Emerge frente a esa imagen, la súplica sincera, que fluye confiadamente. El peregrino o peregrina es la persona que vive la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede, el peregrino es quien en un breve instante condensa una viva experiencia espiritual.

En el Santuario Nacional de Popoyuapa, puedes vivir la experiencia de un misterio que no sabe de razones, pero que te apasiona a sentirlo, quien llega vistiendo esa túnica de caminante espiritual, lleva sobre sus espaldas la cruz de su vida, la cruz de su familia, la cruz de sus amigos y hasta la cruz de su barrio y a su regreso los frutos obtenidos del misterio del amor, trasciende a todos los que a cuestas llevaba el peregrino. En este santuario muchas personas toman decisiones que marcan sus vidas. Sus cuatro paredes que la conforman contienen muchas historias de conversión, de perdón y de agradecimiento. Por eso puedo afirmar que en Popoyuapa se experimenta la tienda del encuentro personal con el Señor, donde se integra lo corpóreo, lo sensible, lo simbólico y las necesidades más concretas de las personas que hasta ese lugar llegan. Es una espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos, de los marginados, de los olvidados, de los necesitados, pero de los más amados y comprendidos por el hijo de Dios.

Hay algo extraño en este caminar a Popoyuapa, y puede que sea parte de ese misterio de la vida y de la muerte misma, el peregrinar no es una espiritualidad de masas, sino una experiencia personal de cada fiel, aunque físicamente se viva en una multitud. Omitir los signos del amor de Dios, sería una especie de error, que no tiene cabida en estas letras: un crucifijo, un rosario, una vela que se enciende para acompañar a un hijo en su enfermedad, un Padrenuestro musitado entre lágrimas, una mirada entrañable a la imagen venerada de Jesús del Rescate o una sonrisa dirigida al cielo en medio de una sencilla alegría por el favor concedido, son los elementos que enriquecen cada año a esta religiosidad popular, que evangeliza a la cultura nicaragüense.

¿Qué tiene de especial la Imagen de Jesús de Rescate? Nuestro pueblo se identifica con lo que simboliza este Nazareno y Cristo sufriente, lo miran, lo besan o tocan sus pies lastimados como diciendo: Este es el “que me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 20). Muchos de ellos golpeados, ignorados, despojados, no bajan los brazos. Con su religiosidad característica se aferran al inmenso amor que Dios les tiene y que les recuerda permanentemente su propia dignidad.

No importa sobre en qué peregrinas, si en una carreta tradicional, si te transportas en un bus, y por qué no decirlo, también a pie. Lo importante es que experimentes que cada viernes de Dolores o en cualquier día del año, hay un oasis santo, donde puedes saciar la sed de Dios, que solamente los pobres y sencillos pueden conocer y ese oasis está: En el Santuario Nacional de Jesús del Rescate. ¡Viva nuestra Piedad Popular!