Carlos Andrés Pastrán Morales
  •   Managua, Nicaragua  |
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Cuenta la historia sobre una cálida y profunda noche que cayó lentamente en el tiempo. La tarde fue predecible, anaranjada, triste y llena de soledad. La oscuridad se apoderó del cielo a medida que los automóviles y los buses llegaban a sus terminales y las personas regresaban a sus casas luego de un día cansado que merece su respectivo descanso. La gente caminaba, corría, tomaba rutas y taxis. Managua se convirtió en su personalidad nocturna de diario y las luces y sonidos de ciertos lugares predominaban en la ciudad.

Allá, a lo largo de la noche, en la tarde madrugada, en una calle cualquiera, más o menos transitada, los perros y gatos callejeros fueron testigos de una ocurrencia que suele pasar con persistencia.

Un joven cualquiera camina a las horas de la madrugada, en la noche, guiándose solamente de los postes de luz, de los pocos carros que pasan, de ojos de vagabundos y de otros ojos de malhechores.

Tras seguir su camino, gira rápidamente su cabeza hacia atrás mientras siente un frío extraño que recorre su cuerpo, lleno de pánico y estrés, una sombra malévola lo toma de la espalda, como un fantasma, como la muerte con su hoz. El miedo, terror y búsqueda de auxilio es lo único que existe en su cuerpo en ese momento. 

Una cuchilla se ve reflejada por la luz proveniente de arriba, metal, cálido, frío, listo para ser manchada de sangre. El joven, perplejo, no dice ni murmura un solo sonido, el ladrón lo ve con ojos de diablo y arrebata sus pertenencias y dice al mismo tiempo, ”Callate chatel, esto es un asalto, si hacés cualquier mate te acuchillo”… De la sombra, alta, oscura, terrorífica solo quedan los pasos que se fueron disolviendo en la vista de espanto del pobre amigo.

El chavalo sigue su camino, venía de una fiesta quizás, venía de donde su novia, iba para su casa ya tarde, quizás del trabajo, de donde un amigo, de donde sea. Sigue caminando con cara de decepción y con impotencia en sus sentimientos. El corazón fue arrebatado por esos momentos, despojo y burla.

Una traición de su propia raza. Su celular y billetera ahora solo son producto de ganancia de otros pobres personajes que no tienen vida, de personas nocturnas que viven de los demás, pobres que empobrecen el pensamiento, a los otros, al país, al barrio, por cosas materiales, por lo menos importante, por buscar una vida fácil llena de peligro y adrenalina. Personajes que se dedican al despojo de la población, que buscan cizañas, trucos y técnicas para hacer su trabajo mediocre y volverse peor aún. 

Gente que hace caer a todos en el mundo de la pobreza, ignorancia, temor, peligro y chantaje. Ladrones que odian a la sociedad, llenos de envidia que los carcome, sin tiempo para hacer cosas productivas. ¿Qué pensarán y sentirán las madres de estos pobres delincuentes? Seguro sufren, pobres madres.

Todos hemos sido testigos, personajes principales o secundarios, antagonistas pocos, pero son hechos que se ven todos los días en todos lados. Ladrones, delincuentes rondando en todos lados, acechando, en las rutas, los taxis, las calles, secuestrando, violando, despojando, asesinando. 

La población humilde vive a las costas de estos hechos y personas por el temor propio y de sus seres queridos de que les ocurran estas situaciones. ¿Hasta qué punto de pensamiento egocéntrico tendría que llegar uno para ser así? ¿Qué pensamiento de yoquepierdismo y poco pesar se debería tener para ser así?

La valentía va más allá para afrontar cosas del destino y de la mala suerte para que te ocurran cosas como esta. Mejor aceptar lo ocurrido, progresar, llorar por tu vida y seguir adelante, no rendirse y caer en riendas llenas de piedras donde caer y tropezar, mejor un camino llano y seguro, complicado, para tener una vida tranquila y con menos delincuentes plagando la ciudad.