Jorge Eduardo Arellano
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La película hindú “SlumDog millionaire” arrasó con los Oscar 2009 de la Academia de Hollywood. Fue aclamada por audiencias masivas. No tenía publicidad, ni estrellas, y fue hecha con recursos modestos, ¿cuál fue el secreto de su éxito? Hizo ingresar a amplísimos sectores a un universo que les es totalmente desconocido, el de los niños pobres.

Sus protagonistas, los huerfanitos, Jamal, Salim y Latika, son la realidad de la infancia de muchos niños de la India, y otras áreas. Su madre asesinada, su subsistencia miserable revolviendo basura, su caída en el infierno al ser robados por una banda que quita los ojos a otro de los niños para que pueda mendigar con “más eficiencia”, su explotación por una mafia criminal, la complicidad de las autoridades, la sordidez abrumadora de su infancia, son vida cotidiana de numerosos niños. En la India con avances, el 46% de los niños menores de tres años están desnutridos.

El paisaje humano de SlumDog tiene paralelos con el de la célebre película brasilera “Estación Central”, que también ganó el Oscar. Filma el hall de la estación central de ferrocarril de Sao Pablo. Una ex maestra inventó un oficio: escribidora de cartas para los pobres que van a tomar el tren, y son analfabetas. A ella llega un niño cuya madre termina de ser matada por un auto, y está solo en el mundo. Lo alberga para venderlo a una banda de traficantes de órganos (tienen alta actividad en la región), y comprarse un televisor. La mala conciencia la hace después rescatarlo.

En ambos casos hay un “happy end”. La realidad no funciona así. La inmensa mayoría de los niños pobres no ganarán nunca un concurso que los hará millonarios, ni los que entregan niños a las mafias se arrepienten después. En ambos filmes los espectadores sufren por los niños y claman por soluciones. En la pantalla se las dan, es fácil, y popular. En la realidad mueren por año 10 millones de niños por causas evitables vinculadas con la pobreza. En América Latina mueren 30 niños de cada 1,000 antes de cumplir 5 años de edad, frente a 3 en Suecia, y hay millones de niños viviendo en las calles.

Cómo llegar a un “final feliz “en esta región no sólo en la pantalla sino en los hechos. Se necesitan políticas públicas que protejan a las familias pobres, aseguren educación y salud universal, y creen oportunidades de trabajo para jóvenes excluidos, empresas socialmente responsables y sociedades civiles movilizadas.

En América Latina no basta con sentarse en el cine a ver el nuevo Oscar. La cuestión es qué hacemos después de verlo. Los niños pobres están entre nosotros. Basta de racionalizaciones es hora de reconocer su presencia como un escándalo ético a cuya solución todos podemos aportar ya.

*Asesor Principal del Buró Regional del PNUD para América Latina.