Adolfo Miranda Sáenz
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Hay cosas que uno no puede negar porque están a la vista y todo el mundo las puede ver. Objetivamente tengo que reconocer que el progreso económico de Nicaragua es evidente. Eso a todo nicaragüense debería alegrarlo, independientemente de las opciones políticas de cada cual. El Banco Mundial y el FMI le dan buenos números a nuestro país (en agricultura, ganadería, diversas industrias,  exportaciones, etc.) incluyendo un crecimiento anual sostenido entre 4% y 5%, teniendo el tercer puesto de mayor crecimiento anual en toda América solo superado por Panamá y República Dominicana. Pero independientemente de los números el progreso se nota con solo salir a la calle y ver los nuevos edificios que se levantan: centros comerciales, centros financieros, edificios de oficinas, de apartamentos, nuevas urbanizaciones con casas que van desde mansiones de más de medio millón de dólares hasta viviendas populares de 20 mil dólares. Personalmente logré contar hasta 96 nuevas urbanizaciones iniciadas en el último  año. Se proyectan vender unos 25 mil autos nuevos en 2017. Managua tiene un vehículo por cada cuatro habitantes, incluyendo autos y motos. Los restaurantes, bares, discotecas de todos los niveles y calidad, desde los más lujosos hasta los más populares se mantienen llenos. Lo importante es que cada vez más gente tiene dinero para comprar casas, vehículos, ir a restaurantes, comprar en centros comerciales, etc., y por lo que observo la gran mayoría son personas de clase media, lo cual es un buen signo para la economía de cualquier país.

Se ha construido en Managua un hermoso malecón, se están inaugurando varios parques para diferentes diversiones, como el parque acuático y otras atracciones. Ya están proyectados cinco nuevos pasos a desnivel y más ampliaciones de avenidas. En otras ciudades igualmente se nota el progreso; por ejemplo, en Granada y León  aumentan los turistas y los hoteles tienen buena demanda, mientras Estelí se transforma con un crecimiento comercial extraordinario, restaurantes, hoteles, centros comerciales, y San Juan del Sur se ha convertido en un balneario de categoría y atractivo internacional. Y así por todas partes. Las carreteras están excelentes y construyeron nuevas para la Costa Atlántica, Río San Juan y otros sitios antes aislados. El progreso está frente a nuestros ojos y no lo podemos negar.

Me alegra ver a miles de obreros construyendo diferentes obras porque tienen un empleo y llevan dinero a sus familias para comprar alimentos, ropa, calzado, etc. Me alegra ver muchos nuevos edificios  en los que profesionales, comerciantes y  empleados trabajan en oficinas, tiendas y otros negocios, y también llevan un salario a su familia. Es decir, hay dinero circulando. Aunque el progreso todavía no llega a todos porque aún tenemos un alto índice de pobreza, entiendo que vamos por buen camino porque para hacer que la riqueza llegue a todos primero hay que crearla,  y en esa etapa está el país. Seguramente ya empezó a bajar la pobreza al crearse nuevas fuentes de trabajo, pero hay que garantizar el pago de salarios justos y que todos se beneficien del seguro social, que por cierto ha mejorado bastante.

Qué bueno que existe una concertación entre el Gobierno y los empresarios que favorece este desarrollo económico.

Aunque hay problemas que superar, sobre todo, en la DGI, la DGA y Disnorte/Dissur cuyas actuaciones frecuentemente dañan al empresariado. Hay niveles de corrupción que deben combatirse y existen algunas instancias excesivamente burocráticas. Pero sobre todo debemos cuidar nuestra valiosa estabilidad, la cual está vinculada con la necesidad de mejorar la institucionalidad, la democracia y los procesos electorales. Por eso, celebro los acuerdos con la OEA esperando que el Gobierno los cumpla para bien de todos, y que cesen las voces extremistas que por intereses políticos procuran la desestabilización del país.

* Abogado, periodista y escritor.
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com