Galo Muñoz Arce
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Los ecuatorianos no quieren  vivir los próximos cuatro años con la desoladora sensación de haber sido engañados, de haberse forzado la voluntad de la mayoría ciudadana, de haberse dispuesto todos los recursos del Estado al servicio de protervos intereses particulares; por ello, es necesario aclarar cuanto antes un resultado muy apretado, con denuncias de irregularidades y una Institución tan cuestionada y desacreditada como el CNE.

Más allá de los resultados “irreversibles” y la impugnación que se presentará ante los resultados proclamados, es preciso lograr legitimidad para el próximo Gobierno, pues la situación económica del país es dramática aunque se nos insista en que se deja al próximo régimen con “la mesa puesta” y una “economía estable” —desde enero a marzo se han hecho préstamos al Banco Central, quinientos millones de dólares mensuales; solo a esta Institución se debe 5,804 millones—.

Un país dividido, con un debilitado tejido social y con muchos asuntos pendientes por aclarar, sobre todo ante serias denuncias de corrupción, exige transparencia. Si es que fuera ratificado como presidente electo del Ecuador, Lenín Moreno, ojalá que “la tarea que falta por hacer”—que siempre faltó— sea la fiscalización, la independencia de las funciones del Estado, el respeto a los derechos ciudadanos, a los derechos de información y de opinión, y que “la mano extendida” sea sobre todo para debatir con quienes no votaron por el candidato oficialista, caso contrario será imposible que sea “el presidente de todos”.

Para Juan Cuvi, exmiembro del grupo subversivo Alfaro Vive Carajo (AVC), y líder político, quien sea el nuevo presidente del Ecuador deberá enfrentar una dura crisis política y económica. “Esta ineptitud y esta falta de confianza del Consejo Nacional Electoral (CNE) va a provocar que en los próximos años volvamos a una situación de alta convulsión social y política…”, dijo.

A decir de Cuvi es necesario una revisión de actas y un reconteo de votos con veedurías nacionales e internacionales antes de que el CNE proclame al nuevo primer mandatario. Aclara, quien sea oficializado para estar en el Palacio de Carondelet, para superar la división en la que está actualmente el país, tendrá que hacer una convocatoria que permita  un  acuerdo nacional.

Los cuestionamientos que han dejado los resultados de la segunda vuelta electoral, del 2 de abril, han comportado un ambiente político enrarecido por las dudas, las sospechas y las movilizaciones de protesta, por parte de quienes sienten que dichos resultados no reflejarían exactamente la voluntad popular.

Se trata de una situación política delicada y preocupante hasta el punto de que, incluso, la alta dirigencia de Alianza País ha decidido apoyar el reconteo de votos de las casi mil ochocientas actas con inconsistencias presentadas por CREO, en su impugnación a los resultados, así como una auditoría al sistema informático usado en los comicios.

Es que de persistir esas dudas e inconformidades, la idea del fraude va a persistir como un fantasma que causará un costo político inevitable al futuro gobierno de Lenín Moreno, pues su nivel de reconocimiento social o legitimidad va a verse aún más disminuida; pues, aunque los resultados presentados por el Consejo Nacional Electoral (CNE) fueran el fiel reflejo de la realidad, hay que recordar que estos ubicarían prácticamente, de entrada, a la mitad del pueblo en oposición a dicho futuro Gobierno.

Mientras tanto Lenín Moreno, debería tratar de asumir expresiones de “humildad en el triunfo y dignidad en la derrota”, y no ofenderse porque un periodista de un canal de televisión se refiere a él por su título académico y no como “presidente electo”.