Jorge Eduardo Arellano
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El por demás exagerado deseo de lucro de las empresas y los fatales instintos humanos de la avaricia y de la megalomanía en política se han combinado para producir, en la persona de Bernard Madoff, hasta hace unos meses, una especie de guía de los hombres de negocios para el mundo de las finanzas, pues formaba parte de los respetados inversores de Wall Street, pero resultó uno de los más grandes fraudes de los últimos años, a nivel global.

La Oficina Federal de Investigación (Federal Bureau of Investigation, FBI por sus siglas en inglés) y la Comisión de Valores y Bolsas de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés), lo han acusado de llevar a cabo, por detrás del escándalo Enron (63.400 millones de dólares en activos) y luego de que su compañía de inversiones realizara una estafa multimillonaria, un descalabro financiero cuyas consecuencias todavía no han sido fríamente calculadas.

El mismo Madoff ha confesado que la estafa fue consumada a través del llamado “esquema Ponzi gigante”, que consiste en un fraude de tipo piramidal por el cual la rentabilidad prometida se paga con el dinero ingresado mediante la entrada de nuevos clientes. Ahora se ha sabido que acumula, por lo menos, pérdidas por 50.000 millones de dólares.

El multimillonario dueño, hasta hace poco, de Bernard Madoff Investment Securities, la que fundara en los años sesenta “gracias a los ahorros de su trabajo como salvavidas en una playa” (igual que, en nuestro país, lo hicieran “personajes” como Arnoldo Alemán, Byron Jerez y asociados ) y con el apoyo del lobby judío, fue además presidente del Consejo de Administración de la Asociación Nacional de Distribuidores de Valores Automatizado de Cotización (National Association of Securities Dealers Automated Quotation, Nasdaq, por sus siglas en inglés). En síntesis, no era un desconocido en el mundo de las finanzas de “Wall Street”.

De hecho, se ha comprobado que los cabilderos judíos en los Estados Unidos, en algunos casos mediante el desvío de fondos, como el de Madoff, ha invertido y donado miles de millones de dólares a Israel, para luego comprar bonos del Estado que financian no sólo los enfrentamientos, sino los asentamientos de colonos en los territorios ocupados. Los analistas están apuntando hacia indicios que relacionan el Caso Madoff con el financiamiento de la guerra de Israel contra los palestinos. Aun así, debemos preguntarnos por qué no se han encontrado rastros de los cincuenta mil millones de dólares, ya sea en Israel o en bancos off-shore.

De lo que sí se tiene más información es sobre el fraude propiamente dicho, especialmente luego del crecimiento exponencial acerca del número de afectados. Al principio, sólo se estimaba que la estafa piramidal podía ascender cerca de 50.000 millones de dólares en todo el mundo. A medida que avanzan las investigaciones, una de las principales acusaciones contra estas entidades se vincula a la falta de responsabilidad y negligencia en la gestión del dinero de sus clientes, por no vigilar la actuación de Madoff.

En otros casos, Israel ha protegido a judíos fugitivos de la justicia estadounidense, especialmente a varios estafadores financieros multimillonarios, como Marc Rich. Desafortunadamente, las ocasionales demandas oficiales de extradición por parte del Departamento de Justicia estadounidense han sido ignoradas repetidamente. Esta aparente anomalía no puede de ninguna manera explicarse por debilidad militar o fracaso diplomático: Washington posee armamento superior y sus diplomáticos saben presionar a aliados y adversarios cuando existe la voluntad política de hacerlo.

Lo que sí es aparente es que el lobby judío-estadounidense en el Congreso, gente en sus redes formales e informales en los medios de comunicación, las finanzas, el gobierno y los magnates de Wall Street, estratégicamente situados en el sistema político y económico estadounidense han logrado que los presidentes de los EU actuaran dócilmente. No hay duda que la subordinación a Israel y al poder del lobby judío en Estados Unidos predominó por encima de las protestas enérgicas que denunciaban el vínculo.

Dada su influencia en los medios y su preeminencia en las páginas editoriales y de opinión de los diarios más prestigiados, el mensaje que envía el lobby es arrollador, a pesar de ser numéricamente pocos. El peligro es que Estados Unidos siga contagiándose de esta paranoia, con consecuencias funestas para Medio Oriente, el resto del mundo y la democracia en Estados Unidos.

Los analistas señalan el “exceso de influencia” que los gobiernos israelíes ejercen sobre las políticas estadounidenses mediante individuos y poderosos lobbies judíos presentes en los medios de comunicación y los círculos gubernamentales y financieros. Cualquier crítica, por más constructiva y bien intencionada que pueda ser, se considera “antisemita”.

*Jurista, Politólogo y Diplomático