Jorge Eduardo Arellano
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Una atmósfera carcelaria se vive en Nicaragua. Por ello los caminantes tenían la ingrata y desesperante sensación de estar presos con el país por cárcel. Desde luego que no como la cárcel de Arnoldo Alemán, intercambiable por favores mutuos entre los caudillos, teniendo como telón de fondo el insoportable cacaraqueo de diputados en la muy promiscua Asamblea Nacional, o El Burdel de las Pedrarias de la Corte Suprema de Justicia o El Silencio de los Inocentes, después de haberse robado para el danielismo las pasadas elecciones municipales, del Consejo Supremo Electoral con el inmensamente rico magistrado cardenalicio Roberto Rivas a su cabeza. La alharaca de jueces liberando narcotraficantes de conformidad con la ley, es parte de un siniestro juego político en que un partido pierde las elecciones municipales a cambio de la impunidad total de su corrupto líder, y éste a su vez le allana el camino hacia la reelección a su rival en ambición y corrupción, el líder de la otra paralela histórica. Nuestro actual folclore político es verdaderamente sangriento, y con cada vez más cercanas perspectivas de acallar a los medios de comunicación, a quienes se culpa de todo lo malo que pasa en el país, aunque ni el mismísimo vicepresidente de la República, Jaime Morales Carazo, lo entiende, como el caso de las plantas eléctricas venezolanas que sólo el monarca sabe si son donadas o vendidas, así como si el dinero del petróleo va a pasar a una muy confidencial caja chica partidaria de donde, entre otras cosas de utilidad pública, sale el dinero para enflorar las tribunas de la reina; pagar a los rezadores de las rotondas y a pandilleros garroteadores de manifestaciones cívicas, todo en aras de la reconciliación, ya que el amor es mas fuerte que el odio.

Antes, con el telón de fondo del que ya hablamos, los diputados pretendieron hacernos creer que la disputa por los cargos directivos de la Asamblea Nacional era de verdad. El colmo es que los diputados liberales de Arnoldo Alemán nos quieren hacer creer, aún a estas alturas, que ellos condenan el fraude cometido con su anuencia en las pasadas elecciones municipales, y que están en contra de la reelección del dictador Daniel Ortega, ya sea como Primer Ministro o Presidente de este Reino Socialista de Nicaragua. ¡Bull shit!, como probablemente pensó para sus adentros Roberto Callahan abandonado a su suerte en esa vaca echada que es Chontales y sobre todo en el caldero del diablo que es Juigalpa a cualquier hora. Fue como si el rey le hubiera mandado a decir, con acento británico aprendido de la reina: ¡Go to hell!. Decimos esto, como si nosotros no lo estuviéramos – siguieron conversando los caminantes entre sí -, en esta tierra prometida, de ríos de leche y miel, por los monarcas, en donde ni con las plantas venezolanas que, repetimos, no sabemos si son de regalo o las vamos a estar pagando hasta el final de esta dictadura, hay luz. La oscuridad que según decía el caudillo Ortega en plena campaña electoral, era de la administración bolañista, nos persigue incluso ahora que somos pueblo presidente, unida a falta de agua en toda la nación. Sequía, sed, insalubridad y los ríos de leche y miel ni siquiera llevan agua.

Pero para que nos preocupemos aun más, otra farsa se avizora en el horizonte. Después de correr donantes; de desairar e insultar a diplomáticos; de expandir el capital suyo y de su cúpula ilícitamente; de garrotear manifestaciones cívicas y de impedirlas; de escarnecer a las mujeres; de penalizar el aborto terapéutico con motivos seudoreligiosos y tan politizados como las oraciones de sus rotondas usurpadas a la ciudadanía; de ilegalizar partidos que pudieron hacerle sombra a sus ambiciones reeleccionistas y de un rosario sin fin de arbitrariedades, incluyendo el fraude de las elecciones municipales, el Caudillo dice estar en disposición de un diálogo nacional con un país al que imagina de rodillas, con la cabeza agachada, esperando el tiro de gracia.

El caudillo cree que proporcional a su ambición es la debilidad de sus interlocutores y que ya ha hecho bastante para tenernos domesticados a su entera disposición. A cambio de que se le dé luz verde para solucionar la crisis económica nacional que de seguro achacará a la crisis económica mundial, quizás nos ofrezca, como una gran concesión, regresarnos lo que ya teníamos antes de que él fuera rey. Ojalá que la empresa privada no sea pusilánime. Ojalá que la Iglesia Católica mantenga, como hasta ahora lo ha venido haciendo, sus principios evangélicos y denuncia profética. Ojalá que aprendamos que lo importante son las causas y no los individuos – continuaban su plática los caminantes -. Ojalá que nos convirtiéramos, como pueblo unido, en nuestra propia causa, sin líderes politiqueros. Ojalá seamos capaces de impedir que libertad y democracia sean sólo conceptos abstractos. Ojalá que el caudillo Daniel Ortega prometa durante ese diálogo, no proseguir con sus ambiciones reeleccionistas.

luisrochaurtecho@yahoo.com
Jueves, 12 de Marzo de 2009