Telémaco Talavera
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Considerando la crisis económica y social histórica acumulada, la crisis económica financiera mundial actual y nuestra propia crisis nacional, hoy más que nunca es imprescindible la suma de voluntades, esfuerzos y capacidades de todos los nicaragüenses para poder salir adelante.

El hambre, la pobreza, el desempleo y la inseguridad ciudadana creciente la están padeciendo cientos de miles de nicaragüenses de todos los colores políticos y credos religiosos. De igual manera, la posibilidad de competir con éxito en los mercados nacionales e internacionales está afectando a los micro, pequeños, medianos y grandes empresarios, indistintamente de sus preferencias y características particulares.

La situación económica y social actual no sólo genera severas limitaciones materiales a las personas y a las familias, sino que es motivo de angustias e inestabilidad emocional, que juntos afectan significativamente la calidad de vida.

Después de las elecciones municipales en un artículo de Opinión titulado “Nicaragua Necesita de todos y todas”, publicado el 18 de noviembre, yo manifesté: “Considero que si es necesario recontar una y diez veces los votos, y en presencia de quien sea, hay que hacerlo para generar estabilidad y confianza en el país, y que no nos sigamos desgastando a lo interno y a lo externo”. A estas alturas habiendo ya transcurrido cuatro meses, para mí es totalmente inviable desde el punto de vista técnico y desde el punto de vista político cualquier recuento de votos, y por tanto hay que superar esa etapa.

Por una parte habría que preguntarse, ¿quién ha garantizado el debido resguardo de esas actas?, y por otro lado, hacer un recuento a estas alturas, contrario a generar la estabilidad que tanto necesitamos, sumergiría al país en una crisis de inimaginables consecuencias. Si se diera el caso de que un alcalde, del partido que sea, que se encuentre en posesión oficial de su cargo se le dijera, por el órgano del Estado competente, el Consejo Supremo Electoral, que ya no va a ser alcalde, ¿qué pasaría con él y sus seguidores?. Creo que la respuesta es obvia. Lucharía por conservar el puesto que con o sin irregularidades en el proceso de elecciones él y los concejales ya ostentan. Y también habría que preguntarse: ¿qué pasaría con la legalidad de todas las decisiones que hasta la fecha hubieran sido tomadas? Realmente, hacer eso sería llevar al país a un verdadero caos, lo cual podría generar beneficios políticos para algunos sectores y alimentar algunos egos, pero sería de grave daño para la sociedad en su conjunto.

A mi criterio, por el bien de nuestro país, se debe cerrar el capítulo de recuento de votos y concentrarse en atender los problemas económicos, sociales e institucionales y mediante una discusión seria, abierta, transparente y desapasionada de los diferentes actores involucrados se deben concertar las reformas necesarias al sistema electoral y establecer los mecanismos requeridos para que en futuras elecciones se genere la confianza, sobre todo nacional, pero también internacional, de que el soberano y sagrado derecho del pueblo a elegir y a ser electo será respetado como la expresión más concreta de la democracia directa.

Es natural y hasta necesario que haya una gran diversidad de criterios, enfoques, visiones e intereses entre los grupos políticos y sociales del país, pero debe ser posible que por encima de esos intereses particulares nos pongamos de acuerdo sobre los grandes objetivos y metas que como nación a todos nos conviene alcanzar. Esto además de crear las condiciones para la suma de esfuerzos y capacidades en la dirección correcta, transformaría la desesperanza en esperanza, las dificultades en retos, en lugar de ser estos motivos de angustia y desesperación.

Hoy más que nunca los actores políticos, del color que sea, tienen la oportunidad de demostrar que la política, contrario a ser un instrumento para generar conflictos y vivir de ella, se puede ejercer con responsabilidad, con seriedad, con ética y como un medio para trabajar por el bien común, pero sobre todo considerando que un manejo inadecuado de la grave situación actual afectaría severamente a todos los nicaragüenses sin excepción, pero sobre todo a los más desposeídos y vulnerables.

Creo que es tiempo de que los sectores opositores al Gobierno contribuyan de manera decidida con la estabilidad y desarrollo del país, para lo cual deben estar conscientes de que la afectación a la estabilidad e imagen de Nicaragua, más que afectar al gobierno, afecta al pueblo en su conjunto. Por su parte, el Gobierno, a mi criterio, debe promover de manera efectiva la Reconciliación y Unidad Nacional de todos y todas los nicaragüenses, más allá de los criterios políticos partidarios promoviendo por una parte el diálogo y la concertación en función de los intereses nacionales, pero sobre todo para atender las demandas de los más necesitados y además no sólo permitiendo, sino incluso siendo garante de la libertad de expresión, organización y movilización de las diferentes expresiones sociales y políticas de la sociedad, indistintamente de su color o naturaleza y del peso relativo de las mismas, siempre y cuando todo se haga en el marco de la ley.

De igual manera, la comunidad internacional, cuyo apoyo ha sido de gran valor a través del tiempo, debe dar un paso adelante y no seguir haciendo eco de situaciones que ya no tienen viabilidad ni resultado positivo posible alguno para la sociedad nicaragüense y por el contrario dentro del marco del respeto de nuestras decisiones nacionales soberanas, debe apoyar todo esfuerzo de concertación y reconciliación nacional y todo lo que de este esfuerzo se derive. Hoy más que nunca el apoyo financiero y técnico debe no sólo mantenerse, sino ampliarse y fortalecerse si es que queremos ser consecuentes con la lucha contra la injusticia, el hambre, la pobreza y la inequidad en el mundo y si queremos al menos mantener como referente serio los objetivos y metas del milenio.

A las universidades nos corresponde también hoy más que nunca hacer nuestro trabajo con los mayores niveles posibles de calidad, pertinencia y eficiencia, garantizando siempre total transparencia en nuestro actuar. Tenemos hoy más que nunca que trabajar mano a mano con los actores del Estado y la sociedad a nivel local, regional, nacional e internacional y fortalecer la efectiva articulación de todo el sistema educativo. La educación, ciencia y tecnología son hoy más que nunca factores fundamentales para enfrentar el atraso y la crisis. Las universidades debemos ser parte de la solución y no del problema.

Hay quienes dirán que pretendo ponerme por encima del bien y del mal, pero no es así, simplemente hago públicos mis criterios personales y a como corresponde, respeto los punto de vista diferentes, aunque estos fueran diametralmente opuestos a los míos.

Aunque la situación es difícil y la suma de esfuerzos pareciera una utopía, debemos ser optimistas y por el bien del país, trabajar por unir los vigores dispersos a los que hacía referencia nuestro insigne poeta, Rubén Darío.