Jorge Eduardo Arellano
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Los hermanos Carrillo Salazar (Juan, Isidoro, Macario y Salvador) eran naturales del barrio San Felipe, en León, originalmente un pueblo de mulatos libres fundado por el gobernador español Andrés de Arbieto. Ellos, pues, pertenecían a la capa media artesanal que constituyó el mayor elemento espectador y receptor del movimiento cultural leonés desde finales del siglo XIX hasta la tercera década del XX.

Durante este lapso se desarrollaría la actividad preclara en el magisterio y la ciencia, la Iglesia y la música de los Carrillo Salazar: ejemplos indiscutibles de ciudadanos. Isidoro, el segundo de los hermanos, había  nacido el 4 de abril de 1875 y llegaría a ser uno de los grandes intelectuales de la Iglesia nicaragüense.

Con vocación para el servicio del sacerdocio, tras sus estudios en el Instituto Nacional de Occidente y en el seminario San Ramón, fue consagrado el 10 de marzo de 1900. En 1909 le expulsó, con otros tonsurados  que siguieron al obispo Simeón Pereira y Castellón, el gobierno anticlerical de José Santos Zelaya, estableciéndose primero en Cuba y después en Heredia, Costa Rica. Desde allí se despidió de los católicos heredianos en hoja suscrita el 29 de diciembre de 1906, agradeciéndoles haberlo acogido dos años tras llegar proscrito a ese país "por sostener la causa más grande del mundo: la causa de Dios y de su Iglesia".

En León dirigió el Colegio San Ramón, elevando notablemente su nivel. El 11 de noviembre de 1913 fue nombrado obispo titular de Torone y el 3 de mayo de 1914 auxiliar de la arquidiócesis de Managua con residencia en Matagalpa. En 1919 tomó el mayor número de acciones de la "Empresa Autos-Matagalpa", iniciativa de algunos comerciantes de León que aspiraban establecer una comunicación terrestre más fluida con la región septentrional del país.

Por la constitución apostólica "Animarum Saluti", del 19 de diciembre de 1924, se erigió la diócesis de Matagalpa, segregando de la arquidiócesis de Managua los departamentos de Matagalpa y Jinotega; y siendo nombrado primer obispo, Isidoro Carrillo y Salazar, ya había sido auxiliar de dicha arquidiócesis, presidida por monseñor José Antonio Lezcano y Ortega desde el 10 de diciembre de 1913.

Diez años, pues, tenía su episcopado. Al respecto, Bernardo Portas s.j. escribió sobre su actividad apostólica: "No tenía clero y lo ha formado; no tenía seminario y lo ha levantado en nueva planta, y él es rector y profesor. En su preciosa catedral confiesa asiduamente, predica con mucha frecuencia, dirige florecientes congregaciones, visita cada dos años los rincones más pequeños de su territorio con increíbles fatigas, llevando en esas visitas la vida de un celoso misionero y dejando una huella imborrable de prácticas cristianas con toda la floración de espléndidas virtudes que llevan esa prácticas . Y todavía tiene tiempo para estudiar y para escribir pastorales luminosa y repletas de teología".

También fundó en Matagalpa, como fue anotado, el Seminario San Luis, donde el 17 de febrero de 1925 se le tributó una velada con motivo de sus bodas de plata sacerdotales y un número monográfico de la revista Regeneración social (nun. 23, 10 de marzo de 1925). El 16 de abril de 1931 fallecía en Matagalpa.

Isidoro Carrillo y Salazar dejó incontables párrafos dotados de rigor filosófico y convincente expresión que pueden seleccionarse entre su fecunda  producción impresa. Esta abarcó, por lo menos, ocho cartas pastorales y una serie de ensayos sobre temas eclesiásticos: En la muerte de León XIII (1903), Los católicos protestamos (1912), La división de la diócesis (1914), En la muerte de Pio X (1914), El modernismo y el ministerio parroquial (1917) y Vindicación de la fe (1918).

Fue un hombre de iniciativas culturales y progresistas, un auténtico y penitente sacerdote: al morir, sus carnes dejaron ver las huellas del cortante  cilicio que puede verse hoy junto a su tumba. Con esa acción periódica apagaba el ardor de las pasiones. Un discípulo suyo, Julián N. Guerrero G. dijo en sus funerales: "De amena, franca y fácil expresión, la clase se convertía en recreo espiritual… De saber profundo y vasta ilustración, poseía la dote preciada de hacerse comprender".

Otro: Humberto Martiniano Mairena Miranda: aseguró: Era un verdadero santo hecho obispo. Al pie del monumento  de su tumba se lee: "Ecce sacerdos magnus / Qui in diebus sui placuit deo: He aquí al gran sacerdote / Que en sus días agradó a Dios / Celus domus tua comenti me / El celo de tu casa me consumió".