Augusto Zamora R.*
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Se celebró ayer, sábado, en más de 500 ciudades del mundo, una Marcha por la Ciencia, demandando mejores políticas científicas y condiciones laborales más dignas.

El movimiento surgió en EE. UU., como reacción a las políticas negacionistas sobre el cambio climático, defendidas por Donald Trump y que amenazan al planeta entero.

Hay más. El vicepresidente Mike Pence no cree en la evolución y otros miembros de su gabinete se oponen a las vacunas. Posiciones antediluvianas que son un peligro social.

Sirva el caso para recordar la desoladora situación de la ciencia en nuestros países, un ámbito históricamente abandonado y causa primordial de subdesarrollo y atraso.

Puede constatarse tal situación revisando rápidamente la más fiable medida del nivel de desarrollo científico de un país: el registro de nuevas patentes, es decir, de inventos.

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) da en su último informe el número de patentes país por país, con resultados desoladores para Latinoamérica.

Alemania registró 47,384 patentes en 2015; Corea del Sur, 167,275; EE. UU., 288,335; China 968,252 (triplicando las de EE. UU.). México, 1,364; Brasil, 4,641; Nicaragua, 0. Singapur, con 1,469, patenta más que México y Polonia (4,676) supera a Brasil.

Latinoamérica nació a la independencia gobernada por latifundistas y comerciantes. Los primeros necesitaban peones, los segundos, criados. Ninguno de ellos científicos. 

La ciencia no ha ocupado, históricamente, sitio en los planes de desarrollo. Eso explica por qué estamos donde estamos. Y explica dónde seguiremos, lamentablemente.

az.sinveniracuento@gmail.com